Mientras a principios de este siglo Estados Unidos estaba muy ocupado librando una guerra en Medio Oriente para combatir el terrorismo, descuidó lo que siempre fue “su jardín trasero”: América Latina. Al mismo tiempo se daba en el mundo el ascenso de China dentro de la arena internacional comercial y económica comenzando un nuevo juego de titanes y en donde Pekín no perdió su oportunidad para comenzar a influir económicamente en la región Sudamericana. 

 Los verdaderos intereses de Pekín en América del Sur

El Banco Mundial ubica al gigante asiático dentro de las economías emergentes, basando su clasificación en que los países desarrollados tienen una renta per cápita anual de USD 12.536 y China, por ejemplo, ha tenido una renta per cápita en 2019 de USD 10.216. Sin embargo su producto interior bruto (PIB) fue de 14,28 billones de dólares en 2019, lo que representa el 66% del PIB de Asia y sólo es superado por Estados Unidos

Por otro lado, entre 2008 y 2016 su participación en el comercio exterior creció del 3,1% al 8,8%. Al mismo tiempo, la actividad de Estados Unidos caía del 14% al 11,2%.

Para identificar los motivos por los cuales un Estado toma decisiones en determinada dirección es pertinente tener conocimiento de sus objetivos, que varían acorde a sus intereses y, además, qué desafíos internos debe afrontar. En el caso de Pekín, su política exterior es una continuación de su política interna que busca cumplir objetivos como por ejemplo: para el año 2050 ser un Estado socialista soberano fuerte, próspero, avanzado culturalmente y armonioso en pos de alcanzar el Sueño Chino. No es menor mencionar los desafíos domésticos que presenta el Gigante Asiático, ya que ayudan a entender por qué esta nación se ha interesado tanto en establecer estrechos lazos con Sudamérica, una región rica en recursos naturales y tierras fértiles. Por empezar, solo el 7% de las tierras de China sirven para cultivar y tiene, únicamente, un 6% de recursos hídricos para alimentar al 22% de la población mundial. Pero es aún más preocupante el panorama futuro, ya que se predice que la población urbana – que en 2014 representaba el 54% del total de la población china – para el año 2050 se expandirá un 39% más pasando a tener un 76% de la población viviendo en zonas urbanas. Estas amenazas a futuro que deberá enfrentar China ayudan a entender los motivos por los cuales se han intensificado los lazos comerciales y económicos con el Sur de América en las últimas dos décadas del siglo XXI.

(Financial Times)

Impacto económico: hacia una relación comercial asimétrica

Durante la primera década del siglo XXI el comercio de bienes entre América Latina y China se multiplicó por 22, creciendo a una tasa media anual del 27%. Del 2001 al 2010 las exportaciones latinoamericanas de combustibles fósiles y productos mineros a China crecieron anualmente un 16% y los productos agrícolas un 12%. Por ejemplo, en 2009 las exportaciones de cobre, hierro y soja significaron el 55,7% de las exportaciones totales de América del Sur a Pekín. Por su parte, el país asiatico exporta, principalmente, bienes industrializados de alta tecnología en la región.

En lo que concierne a la inversión extranjera directa de China, en el Cono Sur, fue de 14.000 millones de dólares en el 2014, representando el 11% de la inversión recibida en la región. El dinero se destinó a petroleras estatales como Sinopec en Brasil y China National Offshore Oil Corporation en Argentina, que obtuvieron capitales para fusionarse con otras empresas para desarrollar proyectos de exploración y producción de petróleo y gas. 

Un hombre trabajando en un rascacielos residencial en Shanghai, 2016. (JOHANNES EISELE/AFP via Getty Images)

Principales socios sudamericanos de Pekín 

Los principales socios comerciales del gigante asiático en América del Sur son Argentina, Brasil, Chile y Perú, que además son los mercados principales que exportan a Pekín bienes primarios y agrícolas, e importan desde China tecnología de baja, mediana y alta gama. Algunos de los motivos por los cuales estas naciones latinas decidieron fortalecer sus lazos con China son:

  1.  La oportunidad de poder lograr un crecimiento económico a través de las exportaciones.
  2.  La búsqueda de inversión extranjera directa para poder alcanzar un desarrollo económico próspero
  3. Poder insertarse en la arena comercial internacional ante los países potencias como los Estados Unidos y Europa, logrando autonomía económica del eje norte-sur. 

Consecuencias socio-ambientales en América del Sur 

El impacto de estos lazos es positivo y negativo al mismo tiempo, aunque a la luz de los hechos, se puede concluir que, las consecuencias son negativas para la búsqueda de desarrollo y crecimiento económico en la región. Sin embargo, los beneficios de la relación comercial con Pekín para Sudamérica son: 

  1. El gran porcentaje de bienes que la región le exporta a su socio para obtener divisas extranjeras (commodities)
  2. Los préstamos bancarios chinos para el desarrollo en la región a buenas tasas de interés (mejores que las del Banco Mundial)
  3. Las inversiones para proyectos de infraestructura que hace Pekín.
(BBC)

Aun en los beneficios hay un impacto negativo. A principios del siglo XXI, debido al “boom de los commodities”, hubo una alza histórica en los precios de estos bienes primarios beneficiando a los países de Sudamérica. Maristella Svampa lo denominó “El consenso de los commodities”, un modelo de desarrollo económico que surge a través de extractivismos basados en las ventajas comparativas, es decir, un modelo en donde los países del centro y las economías emergentes sobreexplotan los recursos naturales no renovables  y tierras fértiles en las regiones del mundo, como América del Sur. El extractivismo que emprendió China en Sudamérica, con sus gobernantes como principales socios, aparece como una forma de agronegocio y en la producción de biocombustibles. Como resultado, estos negocios destruyen el medio ambiente y fuerzan el desplazamiento de las comunidades indígenas. Los gobiernos de América del Sur son  institucionalmente débiles y permiten a las empresas chinas hacer y deshacer sin ningún tipo de fiscalización con tal de obtener beneficios económicos a costa de la violación de derechos humanos y ambientales.

Conclusiones finales: América del Sur entre la lógica de la autonomía y la aquiescencia. 

A la luz de los datos y hechos descritos en este artículo, puede identificarse que hay pocos encadenamientos productivos dentro de los países sudamericanos. Significa que no hay una inclinación por la diversificación en la estructura productiva sino un serio impacto negativo e irreversible en el medio ambiente (sobreexplotación y violación de recursos naturales). A su vez  hay una recurrente violación de los Derechos Humanos a las comunidades indígenas y no indígenas de las zonas donde las empresas chinas realizan las obras de infraestructura y extractivismos. Por último y aún más grave es que  los gobiernos son cómplices de estos negocios teniendo conocimiento de las consecuencias sociales y ambientales. Al mismo tiempo se puede identificar cómo América del Sur está posicionada en una relación comercial asimétrica y con desventajas, como lo estuvo en la década del 90 bajo el Consenso de Washington, liderado por los halcones de Norte América. 

América del Sur podría aprovechar el poder económico de China y utilizarlo como socio estratégico e insertarse en la arena comercial desde un lugar más competitivo. Esto derivaría en que la región mejore sus términos de intercambio en el comercio internacional y negocie desde otra posición. Lamentablemente, desde comienzos del siglo XXI, esto no fue lo que ocurrió y puede verse hoy en día como las economías de Sudamérica dependen de la cantidad de bienes primarios y agrícolas que demande China

La pregunta para guiar el camino hacia un desarrollo económico independiente, podría ser:”¿Cómo obtener beneficios de los países desarrollados y/o emergentes sin perder soberanía, sin permitir la violación de los derechos humanos y ambientales, aprovechando las inversiones para diversificar la estructura productiva y poder desligarse, gradualmente, de relaciones comerciales y económicas asimétricas? Quizás se podría empezar por diversificar a los socios comerciales, fiscalizar en profundidad los proyectos de empresas extranjeras para generar fortaleza institucional e imponer más límites en acuerdos comerciales e inversiones extranjeras directas. Por último, que los estados empiecen a implementar políticas económicas anticíclicas para que las recesiones impacten cada vez menos. Sería relevante que la región intente retomar proyectos de coordinación e integración, como lo ha hecho a principios de siglo con los organismos del Mercado  Común del Sur (MERCOSUR) y Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Sólo de este modo, volviendo a poner intereses en común, es que la región podría salir lo antes posible de la crisis que enfrenta hace tiempo para lograr, de una vez por todas, insertarse en la economía internacional como un bloque comercial competitivo, como lo es la Unión Europea.


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