Diplomacia; palabra proveniente del latín “diploma”, que a su vez deriva de las palabras griegas “diplo” que significa doblado en dos y “-ma”, que hace referencia a un objeto. A través de los siglos y la historia, la diplomacia ha sido un poder y un arma muy eficaz para obtener beneficios entre naciones. Así es el caso de Marruecos, cuya diplomacia ha hecho subyugar a más de una potencia occidental, como lo ha hecho con España. 


A pesar de que la salida de Donald Trump de la Casa Blanca ha supuesto un varapalo para nuestro país vecino, Marruecos sigue siendo un referente en este manejo de poder. Alemania, Francia, España, Argelia y la UE han sido algunos de los afectados y, por consiguiente, perdedores, en las “luchas” diplomáticas con el reino africano. 

España y Marruecos no es que deban llevarse bien por lazos históricos, culturales y estratégicos, que también; sino, sobre todo, lo que lleva a ambos reinos a mantener una cordialidad institucional es la proximidad de ambos países y la compartición de territorios colindantes. Este artículo no pretende ser de ninguna manera una docencia sobre historia, en especial la que une a Marruecos y a nuestro país, pero es palpable, que, para explicar la presente situación, no sólo entre dos países, sino de todo el globo, recurrir a la historia es necesario. Se puede hablar de aquel Imperio almorávide que ocupó el territorio que hoy conforma Marruecos y cuya dinastía entró en la península ibérica, iniciando así, la muy conocida etapa musulmana de lo que hoy sería España y Portugal. Tras la expulsión de los musulmanes de la península en 1492, y tras varias dinastías gobernando aquel imperio al norte de Marruecos, en 1666, la dinastía Alauita tomará el poder, siendo el presente rey Mohamed VI actual heredero de dicho linaje. 

España por su parte, aunque siendo más precisos la Corona de Castilla, ocupó enclaves al norte de Marruecos hasta bien llegados nuestros días, como lo son Ceuta y Melilla y las plazas de soberanía tan desconocidas para los españoles; Vélez de la Gomera, las islas Chafarinas y el peñón de Alhucemas, además del islote Perejil y la isla de Alborán, ésta última más alejada de la costa africana. 

Mapa del norte de Marruecos, destacando los enclaves que pertenecen a España y que tantas veces han sido motivo de discusión y hasta de crisis, como fueron los sucesos en torno al islote Perejil (Público)

Debido a los territorios españoles en suelo africano (siendo los únicos enclaves que la UE tiene en el continente africano), no es de extrañar que el camino entre España y Marruecos no haya sido, ni debe ser de rosas. Si hubiera que elegir un “ganador” entre España y Marruecos de entre sus diversas crisis, es lo que nos lleva a investigar en este artículo la supremacía marroquí en el ámbito diplomático

 

MARRUECOS COMO ‘MIDDLE POWER’

 

Tradicionalmente, las potencias intermedias, como concepto, eran aquellos países que estaban, como bien dice el nombre, entre las superpotencias y los estados subdesarrollados. El origen de este distintivo se encuentra desde el siglo XX, y el concepto se ha ido amoldando con el paso del tiempo. En un primer momento países liberales y emergentes como Dinamarca, Suecia o Nueva Zelanda eran unos claros exponentes de lo que eran los ‘middle power’. Después estados como Brasil, México o Sudáfrica tomaron la distinción. Bien entrados en el siglo XXI, muchos académicos de las relaciones internacionales se pusieron de acuerdo en definir de manera más pulcra el significado de los `middle power’, actualizándose a ‘middle power diplomacy’, dónde Marruecos es el mayor exponente. 

Gráfica que muestra en qué organismos internacionales Marruecos cuenta con representantes ocupando las direcciones y puestos relevantes. Esta estrategia es un claro ejemplo del multilateralismo que desarrolla Marruecos en política exterior (Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino de Marruecos)

Sin embargo, cada una de estas características se enfrenta a ciertos límites. Por un lado, la diplomacia de las Potencias Intermedias tenderá a centrarse en más de un nicho, lo que desvela la relevancia del concepto de nicho. Promover las tareas de política internacional a través del multilateralismo requiere que la diplomacia de las Potencias Intermedias tenga suficiente peso y credibilidad en la escena internacional como para abarcar el debate sobre un tema de la agenda política internacional, o para que al país de la Potencia Intermedia se le encomiende la defensa de otros países. Por último, la diplomacia de las Potencias Intermedias sigue requiriendo que el país cuente con ciertos elementos de poder duro, como una economía, una población, un territorio y/o un ejército considerable, a fin de garantizar la eficacia de sus esfuerzos diplomáticos.

 

ACCIÓN DIPLOMÁTICA TENAZ Y PROLONGADA PARA DESAFIAR SU POSICIÓN DE POTENCIA INTERMEDIA

En marzo de 2016, Turquía y la UE firmaron un acuerdo histórico para regular la afluencia de migrantes que llegan a las costas griegas a través de Turquía. Tras tres años de intensas negociaciones, Turquía obtuvo importantes logros. Del mismo modo, en la última década, Marruecos se ha enfrentado a un importante aumento de la migración procedente del África subsahariana y de Siria. A la luz de las preocupaciones compartidas con la UE para hacer frente a la crisis migratoria, Marruecos se encontró en una mejor posición para negociar la ayuda global de la UE. El nuevo acuerdo no sólo incluye disposiciones financieras satisfactorias, sino también un conjunto de medidas políticas globales. En otras palabras, Marruecos consiguió negociar un acuerdo beneficioso a pesar de la condición de potencia más fuerte: la UE.

Asimismo, Marruecos consiguió aumentar la contribución financiera de la UE para renovar los acuerdos pesqueros y agrícolas entre ambas entidades (en especial con España), así como aplicar aranceles comerciales preferenciales a los productos procedentes de sus provincias del sur. La diplomacia marroquí consiguió negociar con éxito con la UE, una entidad más fuerte, empleando las herramientas de las negociaciones prolongadas, la persistencia y la vinculación de temas.

En los últimos años, la diplomacia marroquí ha aumentado el alcance multilateral de su acción diplomática. Su creciente visibilidad en las organizaciones internacionales es el resultado de una política explícita de refuerzo de la presencia e influencia del país en las instituciones multilaterales mediante la asignación de altas responsabilidades. Estas influencias se han exhibido en particular en la 72ª Asamblea General de las Naciones Unidas, entre otras. Esta acción es significativa en las organizaciones regionales tras el regreso de Marruecos a la Unión Africana en enero de 2017 y la reciente solicitud de adhesión a la Comunidad Económica de Estados de África Occidental.

 

EL DELIRIO MARROQUÍ

En cuanto a nuestro país, España, se puede deducir que, tras el acontecimiento de la Isla Perejil en 2002, las relaciones o más bien, la postura y el comportamiento de Marruecos hacia nuestro Gobierno ha sido de no doblegarse más hacia nosotros. España es, objetivamente hablando, además, un país más desarrollado, con mejor economía, calidad de vida, infraestructura… además de ser parte de la UE y estar totalmente blindado y protegido a amenazas de estados terceros. Con esto queremos decir que España es indudablemente un país más fructífero que Marruecos, a pesar de las irregularidades de cada nación. 

Por tanto, Marruecos ha optado por el multilateralismo; esta teoría de las relaciones internacionales se sostiene en la capacidad de los estados de forjar relaciones para cooperar con más de tres países. En un mundo globalizado donde las grandes organizaciones, como Naciones Unidas, tienen vetado la activa participación en sus actividades salvo a unos pocos, las pequeñas organizaciones de países relativamente “débiles” han resultado ser de una importancia colosal. Así ha sido el caso de nuestro vecino africano. 

Con más detalle, desde el 2018 Marruecos ha clausurado el paso comercial aduanero de Beni Enzar con España; sin la menor protesta de Madrid ante lo sucedido. En junio del 2020, sus majestades los Reyes visitaron todas las comunidades de España, salvo Ceuta y Melilla, para que Marruecos no se agraviase al considerar las ciudades autónomas como “presidios ocupados”. En el mismo año, Marruecos validó dos leyes para ampliar su demarcación de aguas territoriales y la diplomacia española se limitó a asegurar que las relaciones con Marruecos eran excelentes. No todas las actuaciones marroquíes se han salido con la suya; con la famosa (permitida) llegada de 8.000 inmigrantes a Ceuta, Marruecos se quedó sin inversiones que algunas grandes empresas del Ibex iban a realizar. 

Fotografía tomada desde suelo español, con la frontera cerrada y una gran aglomeración de marroquíes en frente (El Español)

Contra la República Saharaui Democrática, y sobre todo contra Argelia, ha conseguido eliminar la palabra “referéndum” para la región sureña, desde que en 2007 presentó un modelo de autonomía para el Sahara Occidental. Contra Francia, Marruecos fue capaz de cancelar la colaboración en materia policial, cuando un dirigente de la policía marroquí estuvo a punto de ser procesado en París, iniciándose una ‘crisis’ por la que Francia acabó condecorando a aquel policía con la Orden de la Legión de Honor

Los casos son múltiples, contra los EEUU, tras el apoyo de los americanos a la creación de una misión de la ONU en el Sahara Occidental. El ejecutivo marroquí canceló las maniobras militares conjuntas, conocidas como African Lion. A los siete meses dicha crisis se solucionó con el recibimiento de Mohamed VI en la Casa Blanca. Cabe destacar que para esta “batalla” fueron necesarios los apoyos a Marruecos de Francia y de España

 

CONCLUSIONES

A modo de conclusión, para Marruecos uno de los pilares fundamentales en la construcción de su Estado-Nación es la cuestión del Sahara Occidental. En torno a esa idea gira la diplomacia marroquí. Por tanto, la cuestión saharaui no va a ser para Marruecos objeto de ‘trapicheo’, y la opción de independencia no se admitirá porque provocaría una inestabilidad considerable. 

Además, si algo cabe destacar del Marruecos del siglo XXI, desde la llegada al trono de Mohamed VI, es el pragmatismo que ha ganado en política exterior, llevando a Rabat a afianzar las alianzas tradicionales de África Occidental y de incluir en sus negociaciones a países africanos muy alejados de la esfera del reino, como son Nigeria, Ruanda o Tanzania (de ahí el famoso multilateralismo). La estrategia ha sido conformar bloques que apoyaran al unísono la cuestión saharaui, que es el epicentro de su diplomacia. Sumado a esto, está el ambiente de crecimiento económico africano, liderado por el reino marroquí y en detrimento de sus máximos adversarios; Sudáfrica y por supuesto, Argelia

Marruecos se presenta al globo como un socio económico de peso, un eje regional afianzado y de confianza, en un contexto en el que África presenta una oportunidad para las potencias tradicionales y también para las potencias en alza. En cuanto a España, los movimientos que realiza el reino Alauita no le favorecen como sí lo hacen para otros países. Marruecos nunca desistirá a sus aspiraciones nacionales, con el Sahara y hasta con Ceuta y Melilla, y el Estado debería replantearse su comportamiento institucional para no doblegarse en cuestiones nacionales de enorme relevancia. 


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