El terrorismo sigue siendo un fenómeno mundial y África no es un refugio seguro. La amenaza se propaga a la velocidad del rayo en el continente, lo que plantea desafíos sin precedentes para los Estados africanos y la Unión Africana (UA). De hecho, en los últimos años, el terrorismo se ha extendido a gran escala geográfica por todo el continente a pesar de los esfuerzos regionales e internacionales. Las crecientes operaciones de las organizaciones terroristas desafían cada vez más la seguridad y la estabilidad de los países africanos desde su independencia.

El 11 de septiembre de 2001 el mundo atónito vio los ataques al World Trade Center en Estados Unidos. Desde esa fecha el lugar principal de la amenaza terrorista internacional se desplazó de la región de Afganistán a otros países, en particular a la Península Arábiga, al Norte y Este de África, y cada vez más en el Sahel y en el Sahara, para finalmente abarcar varias regiones africanas, como Nigeria, Burkina Faso, Malí y la República Democrática de Congo.

En este contexto, el continente africano se ha convertido en una base importante para la concentración de muchas organizaciones terroristas, como Al Qaeda y el Estado Islámico conocido como «ISIS». Esto es debido al amplio margen que existe en el continente para que estas organizaciones terroristas aumenten su influencia y dominación después de que su expansión se haya ralentizado en otras áreas geográficas como Oriente Medio. El escenario africano se considera muy complejo a la hora de tratar el fenómeno del terrorismo.

Todo esto plantea cuáles son las razones y motivaciones que han influido en el crecimiento de la actividad de las organizaciones terroristas en el continente, y sus repercusiones en la seguridad y la estabilidad de los países africanos en general. ¿Podemos decir que el terrorismo se está convirtiendo en el modo de conflicto dominante en África?

ZONAS CON MÁS RIESGO TERRORISTA EN EL CONTINENTE AFRICANO  

En la década de 1990, los ataques terroristas en África fueron bastante episódicos y se limitaron a contextos locales relativamente bien definidos, en Argelia, Liberia, Sierra Leona y Uganda por ejemplo. Hoy, con el auge de grupos como Boko Haram en Nigeria (con su alcance regional) y la propagación de los ataques de Al-Shabaab en Somalia, Kenia y Uganda, el terrorismo se ha convertido en una importante amenaza para la seguridad del continente africano.

Miembros de Al-Shabaab en Somalia durante una demostración para anunciar su integración con al-Qaeda (2012). (REUTERS/FEISAL OMAR).

De hecho, el Magreb ha visto el establecimiento de varios grupos, incluida Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) resultado de una reestructuración del Grupo Salafista (Argelino) para la Predicación y el Combate (GSPC). 

En el Cuerno de África, son más bien Al-Shabaab de origen Somalí, y el ejército de Resistencia del Señor (ERS) de origen Ugandés, los que dominan las actividades terroristas en la región y más allá, especialmente en el caso del ERS que también es muy común en África Central. 

Sin embargo, es en África occidental y el Sahel donde el terrorismo ha crecido más rápidamente en los últimos años. Nigeria y la cuenca del lago Chad son cruzadas por Boko Haram y sus afiliados disidentes, con la presencia del Estado Islámico en África Occidental. Mali también sigue siendo epicentro del creciente terrorismo. 

El sur de África por su parte, que hasta hace poco parecía estar a salvo de grupos terroristas, se enfrenta a ataques esporádicos de un grupo que se hace llamar Ansar al-Sunnah y que opera en el noreste de Mozambique.

Teniendo esto en cuenta, actualmente estamos viendo la existencia de cuatro regiones con mas riesgo terrorista.

África Oriental: El Movimiento Juvenil Mojahedin ha estado activo en Somalia durante las últimas dos décadas en el contexto del deterioro de la situación política y de seguridad en el país, desde el colapso del régimen de Siyad Barre en los años 1990. Los elementos del movimiento son principalmente concentrados en el centro y sur de Somalia donde controlan la mayor parte de la tierra allí, y estuvieron implicados en la muerte de más de cuatro mil personas en el período de 2010 a 2016. A pesar de los esfuerzos locales, regionales e internacionales de las fuerzas somalíes, las fuerzas de la Unión Africana «AMISOM» y las fuerzas estadounidenses estacionadas en Camp Lemonnier en Djibouti, cabe señalar que el grupo terrorista Al-Shabab tiene extensiones regionales y que su actividad terrorista se extiende más allá de las fronteras de Somalia.

-África central: la escalada del terrorismo en África oriental es una fuente de inspiración para ciertas organizaciones en África central y Sur-oriental, en particular en la República Democrática del Congo y Mozambique donde la organización «ISIS» movilizó a unos 2.000 combatientes según estimaciones de Naciones Unidas. Esto aumenta la posibilidad de que el Norte de Mozambique sea una base de operaciones de ISIS en el sureste de África para expandirse a diferentes partes del país. 

África occidental: África occidental se encuentra entre las regiones más afectadas, ya que las operaciones terroristas aumentaron en Nigeria, Níger, Camerún, Chad, Malí y Burkina Faso con 186 ataques en 2019 en el lago Chad y en la región noreste Nigeria, donde el movimiento Boko Haram es muy activo al igual que el mandato de ISIS en África Occidental. Las estimaciones dan la muerte de más de 30.000 personas por causa de las actividades terroristas de Boko Haram en 2009 y el desplazamiento de más de tres millones de personas. Las pérdidas en Burkina Faso son de alrededor 80 personas en 2016 pasando a más de 1.800 en 2019, y el número de personas desplazadas se redujo con cerca de 500.000 personas buscando refugio en países vecinos, según estadísticas de las Naciones Unidas.

-La región del Sahel y el Sahara: es una región de seguridad blanda que es testigo de dinámicas complejas a nivel geopolítico y de seguridad, representa un entorno de incubación para muchas organizaciones terroristas cuya actividad se expande regionalmente en la mayoría de los países de la región y se teme que 30.000 combatientes de Libia pueden trasladarse a él, sobre todo porque la turbulencia del contexto de seguridad regional, que se encuentra principalmente en Libia y Mali.

(Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo)

Por lo tanto, el continente africano representa un campo de propagación de organizaciones terroristas, con potencial para convertirse en el terreno fértil de la Yihad global en las próximas décadas sustituyendo a Oriente Medio. Ya podemos decir que los países más expuestos al riesgo terrorista en el mundo están ahora en el continente africano, especialmente en la región subsahariana.

LOS FACTORES DE EXPANSIÓN Y DIFUSIÓN DEL TERRORISMO EN ÁFRICA

Mirar el pasado de África es visualizar un sufrimiento objetivo, gobiernos opresivos y una serie interminable de oportunidades perdidas a las que se han sumado nuevos problemas como el calentamiento global que no hacen más que agravar los obstáculos ya existentes. En esta misma línea podemos ver naciones africanas con apenas gobierno, como en Somalia, a verdaderas democracias, como en Sudáfrica. Entre estos dos extremos se encuentran una variedad de gobiernos, a menudo dictaduras disfrazadas de democracias, y a menudo increíblemente corruptas. Incapaces de gobernar de manera eficaz y sin la transparencia necesaria para erradicar la corrupción, estas naciones a menudo proporcionan la cultura perfecta para que el extremismo eche raíces.

Hay ciertos territorios africanos que son favorables a la estructuración del terrorismo, es así como podemos hablar de un terrorismo «africanizado», es decir una adaptación a la propagación de una ideología que permite enmascarar la sostenibilidad de ciertos conflictos, aumentando las ambiciones de los caudillos y traficantes para financiar el terrorismo. Debe saberse que el continente africano no está amenazado por el progreso del Islam sino por causas pesadas que perduran y socavan los cimientos de las naciones, del estado poscolonial e incluso de la existencia de los pueblos. 

En un contexto convulso protagonizado por la crisis económica que atraviesan la mayoría de los países africanos por la caída drástica del precio del petróleo, la propagación del Covid-19, las manifestaciones populares, los países africanos se ven obligados a permanecer muy vigilantes.

Uno de los principales desafíos que enfrenta el estado poscolonial en África es el fenómeno de la corrupción. En efecto, la connivencia entre oficiales de los ejércitos de ciertos países africanos como en el Sahel, donde líderes políticos y criminales participan activamente en asuntos ilícitos, combinada con fallas de gobernabilidad, son realidades que complican la situación política dentro de los estados africanos.

Otro mal del África poscolonial es la naturaleza tribal de la sociedad africana. El espíritu tribal que reina en la mayoría de los países significa que en casi todos ellos el Estado no ha logrado convencer a la sociedad africana de su neutralidad, y permanece en el prisma de las poblaciones la personificación de un grupo étnico, o de una tribu, esta visión impone más que nunca profundas reformas del sistema de gestión de las relaciones entre gobernantes y gobernados.

La porosidad de las fronteras en África con las interconexiones establecidas entre grupos extremistas y bandas criminales, explican el significativo número de ataques terroristas perpetrados en los últimos años en varios países de la zona (Níger, Burkina Faso, Chad, Nigeria), provocando graves consecuencias humanitarias, con grandes flujos de refugiados, que es el ejemplo más evidente de la inseguridad que aflige hoy a África.

Refugiados eritreos en el campo de refugiados de Hitsats, en Tigray, Etiopía, en 2017.  (REUTERS/Tiksa Negeri)

El discurso religioso extremista también representa un factor y un medio importante para las organizaciones terroristas, el cual explotan para influir en amplios sectores de la sociedad africana, especialmente entre los jóvenes, con el objetivo de empujarlos a portar armas. Se considera que Al Qaeda es la organización que utilizó el discurso religioso para reclutar más seguidores en muchas partes del mundo, particularmente en África.

Otro factor a tener en cuenta es el analfabetismo, el cual facilita la creación de células durmientes afiliadas a los grupos terroristas de las que puedan beneficiarse en el momento oportuno como resultado del estado de simpatía de las tribus africanas hacia ellos especialmente, como la del Frente de Liberación del Macina (FLM), que está apostada en Mali.

Para el seguimiento y crecimiento de su actividad en el continente africano, las organizaciones terroristas dependen del aporte de nuevos recursos financieros. La riqueza y los recursos naturales que disfrutan la mayor parte de África, como el petróleo, el oro, el uranio y otros, representan un recurso importante para estas organizaciones terroristas, especialmente para Al Qaeda e ISIS. Por ejemplo, ISIS es muy activo en el norte de Mozambique, rico en gas y petróleo donde muchas empresas internacionales operan sobre el terreno.

A todo esto se suma la presencia extranjera en un momento en que el continente africano es el escenario de una fuerte competencia entre potencias tanto internacionales como regionales por hacerse con la influencia sobre los recursos y la riqueza que ofrecen los países africanos. También la actividad de organizaciones terroristas que refrenan la consigna de la Yihad contra Occidente para liberar a los países africanos del colonialismo europeo va en aumento. Además, los líderes políticos de los países africanos han permanecido durante mucho tiempo confinados en una posición de «candidatos» a la ayuda exterior. Esto ha animado a los grupos terroristas a atacar las fuerzas extranjeras en partes de África, como el Sahel y el Sahara, donde están estacionadas las fuerzas francesas.

Presencia francesa para operaciones anti-terroristas en África (AFP)

LA SOLUCIÓN AFRICANA SIGUE SIENDO INCIERTA

En general, el continente africano seguirá bajo el yugo de las amenazas del terrorismo y la actividad de las organizaciones terroristas a menos que se combinen esfuerzos regionales e internacionales reales para erradicar las raíces del terrorismo, lo que requiere, en primer lugar, abordar las causas profundas que lo han provocado contribuyendo a la eliminación de organizaciones terroristas y ayudando a los estados de la Unión Africana a mejorar las condiciones políticas, económicas, sociales y de seguridad que pueden permitir a sus ciudadanos vivir en un entorno apropiado para evitar el crecimiento de sentimientos de frustración y de desesperanza por no alcanzar un nivel mínimo de vida digna.

En esta lucha hoy es esencial apoyar en todo momento un servicio de inteligencia nacional e internacional que funcione bien, un servicio diplomático respetado y fuerzas especiales de reserva bien entrenadas que puedan actuar en cualquier momento. 

Y finalmente la necesidad de evitar que las grandes potencias utilicen África como campo de batalla bajo la consigna de la lucha contra el terrorismo por sus intereses estratégicos y beneficios económicos. 

Por lo que la combinación de una buena gobernanza nacional y un sistema democrático, asociada a la capacidad militar de los Estados africanos para hacer frente a la amenaza terrorista puede que sea la única solución plausible. Por lo tanto, el futuro de África ahora puede vincularse invariablemente a la guerra contra el terrorismo.


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