A lo largo de los siglos, Asia Central ha sido un lugar de paso y cruce de culturas. En la actualidad, cinco repúblicas coexisten tratando de hacerse un hueco entre poderosos vecinos como Rusia, China e Irán. ¿Cuáles son los intereses de los llamados “Istanes”? 


Puede ser que esta región no sea muy famosa. Es más, seguramente sea de las menos conocidas del mundo. Sin embargo, eso no significa que su importancia no sea crucial en el panorama internacional. Los comúnmente llamados “Istanes” participan desde un segundo plano en la comunidad internacional, sin aparecer en portadas, pero a menudo decidiendo en la geopolítica mucho más de lo que uno podría imaginarse.  

 

UN CONCEPTO ALGO CONFUSO 

Antes de estudiar la geopolítica de los Istanes, conviene primero definir a quiénes hace referencia este nombre. Si bien puede parecer que es una tarea sencilla, la realidad muestra varios países que, aun terminando su nombre por -stán, ni siempre son muy similares, ni siempre están en la misma región.  

Mapa de los Istanes. En azul, de oeste a este Kazajistán, Turkmenistán, Tayikistán y Kirguistán; en verde Afganistán y Pakistán. Fuente: GEOPOL 21

El sufijo -stán significa en persa “lugar de”. Por esta razón, son numerosos los topónimos en los que, debido a la influencia irania, esta raíz aparece. Así pues, desde Armenia (en armenio Jayastán) hasta la región china del Sinkiang (también llamada Uiguristán), hay decenas de nombres con este sufijo.  

Sin embargo, suele ser más común referirse a los Istanes como aquellos países que, contando con este sufijo en su nombre, se sitúan en Asia Central. Estos son: Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán y Tayikistán (no es tampoco extraño ver a Pakistán y Afganistán incluidos en este grupo). 

Explicado el concepto, será de estos países –los Istanes– de los que se describe su posición geopolítica, poniendo especial atención en las repúblicas postsoviéticas.  

LA HISTORIA Y DISTRIBUCIÓN DE SUS ETNIAS 

En esta región, los nombres de las repúblicas obedecen a las etnias del lugar (túrquicas en su mayoría). Es decir, aquí conviven kazajos, turkmenos, tayikos y kirguises, entre otros. Sin embargo, ocurre que no siempre coinciden la etnia y el país correspondiente, provocando a menudo situaciones anómalas y susceptibles de tensión. Así pues, para comprender este “error” es necesario conocer la historia detrás del mismo.  

Desde comienzos de la Edad Media, los pueblos túrquicos han habitado Asia Central, dedicándose principalmente al comercio y la trashumancia. Dado el carácter seminómada de los locales, ha sido más común que sean pueblos extranjeros los que dominen la zona llamados por la riqueza de estas tierras y sus valiosas rutas. De estos, los principales son los persas, los mongoles, los tibetanos, los chinos y los rusos; y prueba de ello son los numerosos pueblos con estos orígenes que permanecen hoy allí (como, por ejemplo, los tayikos, de origen persa, o los rusos).  

En el último siglo, fue la Unión Soviética la que terminó incorporando esta región a su territorio, conformando los llamados Istanes Soviéticos. No obstante, la organización administrativa de estas repúblicas no se hizo obedeciendo a las diferencias étnicas; más bien se desobedeció esta realidad a propósito con el fin de evitar la aparición de nacionalismos.  

Así pues, en el momento de la independencia de Kazajistán, por ejemplo, los kazajos apenas suponían el 40% de la población total del país. En cuanto a los uzbekos, 5 millones de uzbekos viven fuera de Uzbekistán. 

Mapa étnico de 1992 de los Istanes, una situación que ha cambiado desde entonces. Fuente: Wikipedia

Como se observa en la imagen, la diversidad étnica de Asia Central es notable, y no se limita únicamente a los pueblos que dan nombre a las cinco repúblicas. Esto provocó que, caída la URSS, estos países terminaran tomados por líderes excomunistas ante la gran dificultad de alcanzar acuerdos democráticos. De todas formas, han existido en ocasiones progresos al respecto, los cuales serán comentados posteriormente.  

 

LA POLÍTICA DESPUÉS DE LA URSS 

El colapso de la Unión Soviética supuso un revés para estas repúblicas. La conjunción de su gran dependencia económica y política del Kremlin, la fragilidad identitaria de cada uno de estos países, el establecimiento de dictaduras o seudodemocracias (a menudo más represivas que la propia URSS) y la pérdida de relevancia internacional crearon la tormenta perfecta, surgiendo como consecuencia una curiosa nostalgia por el periodo soviético.  

Sin embargo, la región se salvó de sufrir conflictos como los ocurridos en varios frentes de la otrora Unión Soviética (con excepción de Tayikistán y su guerra civil). Con el fin de que sus economías no sucumbieran completamente, los dirigentes acordaron continuar cooperando con Moscú dentro de lo posible. Al fin y al cabo, a ambas partes les beneficiaba seguir asociadas. Por una parte, Rusia tenía una importante población rusa y ucraniana en la región que buscaba proteger, además de unas infraestructuras y fuentes de recursos que no iba a abandonar tan fácilmente; mientras que a estas nuevas repúblicas centroasiáticas les convenía mantener la importación y exportación de sus activos con y a través de Rusia.  

Mapa de la densidad poblacional los Istanes. Fuente: (Maps on the web)

En los últimos años, muchas de estas dictaduras se han mantenido sea con presidentes que suman ya décadas de mandato o con discípulos de estos líderes. Una excepción es Kirguistán, la cual en 2005 organizó la Revolución de los Tulipanes provocando la dimisión de Akayev y el establecimiento de un modelo más democrático. También destacan los esfuerzos de Kazajistán (especialmente las protestas que en 2022 causaron la dimisión de Nazarbayev), si bien estos no han provocado fin alguno del régimen autoritario, reduciéndose los avances a ligeras reformas institucionales y cambios de gobierno.  

 

UNA POTENCIA ECONÓMICA 

No obstante, los Istanes progresan económicamente gracias a recientes medidas aperturistas, a pesar de que a nivel democrático se hayan vivido regresiones considerables con una oposición que se ha ido diluyendo con el paso de los años desde finales de los 90. Conocida por haber sido el centro de la histórica Ruta de la Seda, esta región no ha dejado nunca su identidad comercial y productora. Incluso en el periodo soviético, cuando la economía era marcadamente intervencionista, estas repúblicas se dedicaron a nutrir el país con sus productos manufacturados.  

Además, Asia Central alberga grandes reservas de petróleo, gas y metales que, junto con la industria que ya dejó establecida el gobierno soviético, ha ayudado a estos países a atraer inversión extranjera más allá de Rusia. En especial, China encuentra en los Istanes un lugar donde expandir a gran escala su economía, siendo consecuencia de ello, entre otras iniciativas, la Nueva Ruta de la Seda.  

Directamente promovida por el gobierno chino desde 2013, la Nueva Ruta de la Seda (BRI) es un plan de desarrollo que involucra más de 70 países. Este programa consta de numerosos proyectos y políticas mediante los cuales la República Popular China lidera la inversión en infraestructuras. Así pues, esta estrategia abarca todos los sectores y ofrece un crecimiento rápido y efectivo tanto para China como para los demás países.  

Sin embargo, no han sido pocas las críticas que esta iniciativa ha recibido. Principalmente, se acusa a este programa de basarse en políticas desleales, destacando la conocida diplomacia de la trampa de la deuda. Esta expresión designa la táctica por la cual un país realiza una obra o servicio a cambio de una deuda para que, terminados los plazos y las prórrogas, la imposibilidad de pagarla supone que el país acreedor obtenga cesiones económicas y/o políticas de su país deudor. 

 

Mapa sobre la Nueva Ruta de la Seda y sus progresos.   Fuente: Elaboración propia GEOPOL, autor Ramón Díez.

Aparte de este programa, el cual reporta enormes beneficios a los Istanes (como la construcción de carreteras, edificios, estadios, aeropuertos, etc) a costa de la consecuencia ya mencionada, la conservación de las relaciones económicas con Rusia aporta un efectivo crecimiento.  

 

INTERESES DIPLOMÁTICOS 

Pero, pese a los avances en materia económica de los Istanes, estos países se ven encajados en una red de alianzas que no a todos convence. Aparte de los deseos de muchos de vivir bajo un modelo más democrático, destaca también que los dirigentes de estos países pretenden disminuir su dependencia de Rusia y China. Al fin y al cabo, la hegemonía regional rusa y las consecuencias de los acuerdos con China no terminan de agradar a unos países que preferirían tener mayor capacidad de acción.  

Además, cabe mencionar que en los últimos años han surgido movimientos pantúrquicos que buscan recuperar una identidad común (acusando a menudo al periodo soviético de haber promovido sus diferencias) y crear un lugar de convivencia y cooperación en Asia Central (siguiendo ejemplos como la Unión Europea, ASEAN o MERCOSUR). Sin embargo, no ha habido mucho avance al respecto.  

Bandera de la Organización de Estados Turcos. (Wikipedia)

Una razón principal detrás de que esta iniciativa no haya progresado, pese al deseo generalizado, es que los intentos más visibles de implementar este deseo han sido los de organizaciones terroristas islámicas (como el Partido Islámico del Turkestán o el Movimiento Islámico de Uzbekistán), los cuales tienen intenciones bien distintas.  

Así pues, las políticas para desligarse de la dependencia extranjera suelen ser promovidas por cada país de manera individual. Estas medidas varían desde buscar nuevos socios como Estados Unidos o la Unión Europea hasta disminuir la influencia rusa y china en los países (un ejemplo de ello es el intento, de momento fallido, por parte del Gobierno de Kazajistán de cambiar del alfabeto cirílico al latino).  

 

CONCLUSIÓN 

En definitiva, los Istanes tienen mucho camino que recorrer en su deseo de convertirse en un actor libre y relevante dentro de la comunidad internacional. Los esfuerzos son visibles, la economía crece, pero Asia Central sigue siendo una región en la que prevalece más la influencia extranjera que la iniciativa propia. 

Al fin y al cabo, estos países tendrían una mayor capacidad de acción a nivel internacional si su cooperación se fortaleciera tanto bilateral como multilateralmente. Además, esta política no les prohibiría comerciar con terceros, permitiéndoles tanto mantener los acuerdos actuales como firmar nuevos en el futuro. Así pues, depende de ellos decidir qué camino quieren para su región.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.