MALI, LA INCÓGNITA DEL SAHEL

MALI, LA INCÓGNITA DEL SAHEL

Desde el ascenso del coronel Goita al poder en Malí, el país africano ha cambiado su estrategia contra el yihadismo y aliados militares, creando serias dudas de sus intenciones futuras y las relaciones con sus vecinos regionales: la Unión Europea y Rusia.


EL CASO DE MALI Y LA DEGENERACIÓN DE LA SITUACIÓN

Desde que en 2012 Malí se enfrenta a una rebelión armada en el norte del país protagonizada por grupos armados tuaregs que reclamaban la independencia de la región de Azawad, y una posterior insurgencia de carácter yihadista que desplazó a las facciones nacionalistas, el país lleva sumido en el caos 10 años. El conflicto, que en principio parecía limitarse a esa región, rápidamente traspasó fronteras afectando a países limítrofes como Níger o Burkina Faso.

Tanto Malí como sus vecinos se caracterizan por ser estados frágiles, con una débil identidad nacional, ampliamente fraccionados por cuestiones étnicas y carentes de instituciones fuertes para gestionar unos servicios mínimos a su población y garantizar la seguridad humana. Además, cuentan con fuerzas armadas y cuerpos de seguridad escasos y mal equipados, a lo que se les une fronteras muy extensas y porosas, difícilmente controlables. Estas características, unidas a una importante pobreza, escasez de tierras fértiles, una explosión demográfica, una corrupción generalizada y el impacto del cambio climático, han reunido los factores para que florezcan conflictos y tensiones que han sido instrumentalizadas por los grupos yihadistas para ganar un espacio propio.

Otras características de estos estados es haber sido países colonizados por Francia, que tras su proceso de independencia siguieron manteniendo una fuerte relación comercial, económica y militar con la antigua metrópolis. Además, tras su independencia, estos países se constituyeron en repúblicas presidencialistas, centralistas y laicas al estilo francés, por lo que no tuvieron en cuenta factores como la religión o cuestiones étnicas.

Con la mencionada sublevación tuaregs en el norte de Malí y el protagonismo que alcanzaron los grupos yihadistas, Francia y la Comunidad Internacional (con un papel muy destacado de la Unión Europea) pusieron en funcionamiento diversas operaciones militares en apoyo al gobierno de Bamako. Estas operaciones lideradas militarmente por Francia frenaron a los yihadistas y los expulsaron de los principales núcleos de población, pero sin embargo han sido incapaces de estabilizar o pacificar completamente en el país.

Hay que señalar que los movimientos independentistas tuaregs siguen activos en el norte de Malí, encuadrados en el denominado Coordinación del Movimiento de Azawad (CMA), los cuales firmaron el Acuerdo de Paz de Argel con Bamako en donde se reconoce su singularidad, pero su aplicación ha sido limitada. El CMA lucha contra los yihadistas y colaboran con las fuerzas multinacionales, aunque sus relaciones con la actual Junta Militar son tensas.

Combatientes tuaregs apostados en algún lugar del norte de Malí (DW)

El conflicto pasó de estar localizado en una zona desértica y escasamente poblada como era el norte de Malí a zonas fronterizas, más abruptas, altamente pobladas y más diversas étnicamente como son el centro y sur, sobrepasando fronteras. Actualmente el foco del conflicto se situaría en la denominada “Triple Frontera”, que seria una zona compartida entre Malí, Níger y Burkina Faso. 

En el plano militar, Francia, desde el inicio de sus operaciones militares en 2013 (primero Serval y posteriormente Barkhane), centró sus capacidades en combatir directamente a los grupos yihadistas y prestar apoyo a las unidades malienses. Esta misión ha conseguido neutralizar a diversos líderes yihadistas como Droukdel o Es Saharoui, pero sin embargo no ha sido capaz de evitar su expansión a otros escenarios mientras que la aportación militar de la Comunidad Internacional ha estado orientada a otras tareas de apoyo, adiestramiento y estabilización. 

En el caso de la Unión Europea, la misión militar puesta en marcha (EUTM-Malí) ha estado orientada a la instrucción y adiestramiento de las fuerzas malienses, con la intención de capacitar a las fuerzas locales de una autonomía propia y una doctrina de combate. En esta misión tiene un papel destacado España, aportando la mayor parte del contingente.

En cuanto al papel de Naciones Unidas, esta autorizó el despliegue de cascos azules en Malí constituyendo la operación MINUSMA, siendo en la actualidad la misión de la ONU que más bajas mortales ha sufrido. Esta está conformada principalmente por países africanos, así como otras naciones como Reino Unido o Alemania. Su misión es dar apoyo a las fuerzas locales y garantizar el control del Estado y prestar seguridad.

Desde el ámbito local y teniendo en cuenta la expansión de la amenaza yihadista, se pusieron en marcha diversas alianzas entre las que destaca el G-5 Sahel, una iniciática que desde 2014 pretendíaa una integración de fuerzas locales y estrechamiento en la cooperación militar e inteligencia entre los países de Malí, Níger, Burkina Faso, Mauritania y Chad. Esta cuenta con un amplio respaldo de la Unión Europea, tanto militar como económico.

 

LA CONVULSA SITUACIÓN POLÍTICA INTERNA

Pese a todos los esfuerzos internacionales, el país sigue sufriendo la inseguridad y su situación política interna está degenerando (continuos golpes de estado, el retroceso de la democracia y cambios en sus alianzas, socios y estrategias para combatir la inseguridad). Toda esta situación se ha intensificado en los últimos meses. Desde que accediera en agosto de 2020 al poder el coronel Assimi Goita, Malí está experimentando un cambio en sus planes para combatir el yihadismo, el cual está pasando por varias etapas y donde el factor geopolítico global está muy presente.

Goita accedió al poder ante las protestas de una amplia parte de la población cansada de la inseguridad y promovidas estas por un sector del clero religioso que abogaba por establecer un diálogo y negociación con los grupos yihadistas. Además, en las protestas que auspiciaron al militar golpista existía un fuerte sentimiento antifrancés, a los que culpaban del aumento de la inseguridad, su falta de eficacia y defender únicamente los intereses galos en el país. Sin embargo, y pese a que esta operación iba en contra de los valores propugnados por Occidente, el golpe de estado no contó con excesivas críticas y fue aceptado por la Comunidad Internacional, pero las relaciones entre Malí y sus socios comenzaron a deteriorarse.

En las protestas que dieron lugar al golpe de estado de Goita y en la que se aclamaban a los militares golpistas, se pudieron ver banderas rusas, una señal de los posibles cambios posteriores entre los socios de la nueva Junta Militar maliense. Rusia es un país con una amplia experiencia en operaciones de desestabilización, desinformación y conflictos híbridos, por lo que pudiera haber prestado apoyo a Goita y ver con buenos ojos un cambio de poder en Malí. Rusia no cuenta con pasado colonial, un factor importante que no despierta recelos en la población civil

Manifestaciones prorrusas en Bamako, Malí (Atalayar)

                                                                                                                                                                   

La Junta Militar constituida afirmaba querer continuar con sus alianzas militares y de cooperación con los socios regionales y occidentales, pero las relaciones se han ido tensando cada vez más. En mayo de 2021 Goita volvió a protagonizar otro nuevo golpe de estado, que esta vez sí tuvo una condena más enérgica por sus aliados. En el caso de Francia, Macron anunció un nuevo enfoque de la operación Barkhane, disminuyendo su presencia en favor de una operación conjunta de combate europea, la cual sería denominada operación Takuba, que ya tenía presencia sobre el terreno. 

Sin embargo, Macron dejó un importante mensaje: Malí y sus autoridades no estaban suficientemente comprometidas en la lucha contra el yihadismo, dejando entrever una falta de convicciones entre la Junta Militar, las diferencias estratégicas entre ambos gobiernos para abordar los temas de seguridad y una posible negociación con los grupos yihadistas. 

Desde entonces la relaciones entre Malí y Francia han ido degenerando hasta el punto de que Malí expulsó al embajador francés de Bamako en diciembre de 2021, anunciando posteriormente Macron en febrero pasado el fin de la presencia militar francesa en Malí y el repliegue de sus fuerzas en el país (en principio un número importante de estas fuerzas serían colocadas en otros escenarios africanos como Níger). Desde entonces, las tensiones han ido en aumento entre ambos gobiernos y continuos reproches. Malí ha denunciado el lento repliegue de las fuerzas francesas,  violaciones del espacio aéreo  y hasta un intento de golpe de estado fallido apoyado por Francia, algo negado desde París. Desde Francia aseguran que el repliegue se hará siempre garantizando su seguridad y que su presencia en Malí se realizó de acuerdo con el gobierno local y el apoyo de la ONU. 

Así, el día 3 de mayo la Junta Militar de Malí anunció el fin de los acuerdos militares firmado con Francia y el día 16 de mayo su salida de la alianza militar de cooperación saheliana G-5, justificando esta decisión en el bloqueo de sus aliados locales a su presidencia en el organismo, la cual es rotatoria, y culpando a Francia de fuertes presiones para aislar al país. Esta salida pone en serio cuestionamiento la viabilidad de un proyecto que es pieza fundamental para hacer frente a la amenaza común del yihadismo en la zona. 

Hay que señalar que tras el golpe militar de Goita en mayo de 2021 se anunciaron unas elecciones democráticas que nunca se han celebrado. De hecho, la Junta Militar ha anunciado que esta situación se puede prolongar hasta 2026, una afirmación a la que se han opuesto no solo países europeos sino también importantes socios africanos de Malí, así como la organización CEDEAO, la cual ha impuesto fuertes sanciones comerciales y financieras . Muchos países africanos por ahora no cuestionan su aportación a las distintas misiones de Naciones Unidas en el país por el temor a que Malí pueda caer aún más en el caos y esta inestabilidad pueda tener un impacto regional mayor.

 

MALÍ EN LA ÓRBITA RUSA

La relación entre Malí y Rusia no es nueva. Malí ha sido un cliente de las exportaciones armamentísticas rusas y en Moscú se han formado en diversas ocasiones oficiales malienses. A pesar de esta relación cordial entre los dos países, Francia y la Unión Europea siguen siendo los principales socios comerciales de Malí, estrechando estas relaciones en el ámbito militar desde 2013. 

Sin embargo, la situación en los últimos años ha variado. Con el fortalecimiento de las relaciones exteriores y la proyección internacional llevadas a cabo por Putin en la última década, su presencia en África se ha visto multiplicada. Como parte de esta presencia rusa en África, hay que subrayar la empresa de servicios de seguridad Wagner, la cual mantiene estrechos lazos con el Kremlin, sirviendo como una fuerza expedicionaria que defiende los diversos intereses de Rusia en el mundo. También varias empresas rusas que están presente en África, y el canal ruso de televisión oficialista Russia Today ha abierto un canal de habla francés orientado a una posible audiencia africana francófona e influir en ella.

En lo que respecta a Wagner, ha participado en diversos conflictos como el sirio, en Libia, Mozambique o la República Centroafricana. Wagner cuenta con amplia experiencia de sus miembros, pudiendo prestar servicios directos de protección de personas, instrucción militar, manejo armamentístico, apoyo logístico, operaciones de desinformación, gestión de inteligencia e información o llevar a cabo operaciones de combate directas. Sus métodos han sido muy cuestionados por organizaciones internacionales sobre Derechos Humanos y son numerosas las denuncias sobre sus abusos. Pero estas acusaciones no han quitado sus atractivos para diversos gobiernos que han acudido a sus servicios para complementar o directamente sustituir a sus fuerzas oficiales por contratistas extranjeros, a cambio de estrechar lazos políticos, energéticos y comerciales con Rusia.

La presencia de Wagner en Malí ya era denunciada por París desde el verano de 2021, pero su presencia nunca ha sido confirmada por las autoridades malienses, aunque parece más evidente que nunca que esta alianza se ha consolidado tras el giro en las políticas de Bamako hacia Francia y diversas pruebas visuales que han sido filtradas por estos. Además, el grupo yihadista JNIM (filial de Al Qaeda en el Sahel), anunció la captura de un contratista ruso, posiblemente miembro de Wagner.

Actualmente la situación en Malí es imprevisible. En lo que respecta a la presencia de nuestro país, el ejecutivo español ha mostrado su deseo de continuar con la operación de adiestramiento EUTM-Malí, pero sin embargo su continuidad y viabilidad es muy dudosa. Desde que Francia anunciara su retirada de Malí, la operación podría verse afectada en cuestiones de seguridad y logística. Sin embargo, esta situación se pretendía superar pero en las últimas semanas su futuro está totalmente en el aire.

Las nuevas alianzas de la Junta Militar malienses que parece estrechar relaciones con Rusia y cuyas autoridades cada vez están más distanciadas de los valores europeos basados en la democracia, hacen que la misión está profundamente cuestionada por los países contribuyentes a ella. EUTM-Mali suspendió en el mes de abril sus actividades ante lo que consideraba injerencias rusas en Malí debido a la presencia de supuestos asesores militares rusos en terreno maliense, pero no anunció su retirada. La misión parece ser que cada vez se hace más inviable y países contribuyentes como Alemania plantean la retirada de su contingente ante lo que considera una situación de incompatibilidad, al prestar apoyo militar a un gobierno que parece acercarse al bando de Rusia en una situación de guerra actual. Sin embargo, Alemania de mientras que planteaba esta cuestión anunciaba su intención de fortalecer su contingente encuadrado en la MINUSMA.

Momento de instrucción entre miembros de las FF.AA españolas y soldados malienses (El Confidencial)

Por ahora desde la Unión Europea y España sigue existiendo un fuerte compromiso de seguir prestando apoyo y adiestramiento a las fuerzas malienses. El Sahel es una zona extremadamente delicada y de gran valor estratégico para la Unión Europea pero la convulsión interna del país y los giros en cuanto alianzas hacen que las relaciones puedan verse deterioradas. También se puede estar valorando el traslado de la misión EUTM-Malí al vecino Níger

 

CONCLUSIONES

Rusia ha encontrado en el descontento maliense y en la junta militar una ocasión idónea para situarse en uno de los escenarios que más preocupan a la Unión Europea en el flanco sur. Malí juega un papel fundamental en la estrategia de la UE en África, ya que desde el Sahel son diversas las amenazas para nuestra seguridad como el yihadismo, el aumento de los flujos migratorios, el tráfico de drogas o cuestiones energéticas. Estas amenazas con la presencia rusa pueden ser instrumentalizadas como factores desestabilizadores contra la UE y su papel en la guerra de Ucrania. Pero la Unión Europea, en su objetivo de lograr una autonomía estratégica común, es consciente de que no puede ceder un espacio de influencia extremadamente frágil a otras potencias, teniendo en cuenta que el Sahel es considerado como una frontera avanzada.

Haciendo un análisis en prospectivas de lo que ocurre en Mali, no se puede descartar un aumento de los tráficos ilícitos desde este país hacia Europa y lograr una mayor presión en cuestiones como la inmigración, un asunto extremadamente delicado en el seno de la Unión Europea y las políticas para gestionarlo. Además, y como hemos mencionado, la Junta Militar maliense puede mostrar una posible voluntad de establecer negociaciones con algunos grupos yihadistas locales, lo cual podría motivar a estos grupos de carácter transnacional a continuar sus campañas terroristas y una vez logrado ciertas concesiones en Malí, poder aumentar su presión sobre otros países consolidando aún más sus posiciones y objetivos en el continente africano.

La amenaza desde el Sahel continúa y sus influencias sobrepasan el aspecto regional para ser una pieza más en el tablero geopolítico global.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21

Sobre el Autor

Manuel Paz Bernal

Analista en Terrorismo yihadista, insurgencia y movimientos radicales por la Universidad Pablo de Olavide; Experto Universitario en Crimen Organizado por el Instituto Universitario Gutiérrez Mellado; Director de Seguridad privada por la Universidad Europea Miguel de Cervantes; así como diversos cursos en análisis del Terrorismo en el Campus Internacional para la Seguridad y Defensa (CISDE).

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