Emmanuel Macron ha propuesto la creación de una “comunidad política europea” como una forma de “encontrar la manera de pensar nuestra Europa, su unidad, su estabilidad, sin debilitar la intimidad construida dentro de nuestra Unión Europea”.


 

El 9 de Mayo, Día de Europa, el presidente francés Emmanuel Macron propuso ante el Parlamento Europeo la creación de una comunidad política destinada a acoger a los países europeos democráticos que comparten una serie de valores fundamentales. En palabras del líder galo, “la Unión Europea (…) no puede ser a corto plazo el único medio para estructurar el continente europeo”.

Por ello, y en opinión del Jefe de Estado francés, se debe crear una nueva organización europea que permita a las naciones encontrar “una nueva área de cooperación” en cuestiones como la política, la seguridad, la energía, el transporte, las inversiones o el movimiento de personas. Eso sí, y aquí está una de las claves de su discurso, teniendo en cuenta que la pertenencia a esta organización “no prejuzgaría necesariamente la futura pertenencia a la Unión Europea, ni estaría cerrada a aquellos que han abandonado esta última”.

En definitiva, lo que se busca es unir Europa sobre la base de valores democráticos y, lo cual es importante señalarlo, “manteniendo la fuerza y ​​la ambición de nuestra integración”.

UNA VIEJA IDEA DE FRANÇOIS MITTERRAND

Aunque a alguno pueda parecerle una idea novedosa surgida como consecuencia de los recientes acontecimientos bélicos que han sacudido el suelo europeo, lo cierto es que fue François Mitterrand quien, el 31 de diciembre de 1989, lanzó el proyecto de “Confederación Europea”.

François Mitterrand en el Consejo de Europa (Sabah)

Por aquel entonces, el socialista dirigía un país que asistía al comienzo del fin de la Guerra Fría y a los primeros acontecimientos que terminaron con el colapso del bloque soviético.

Durante su intervención en aquella última noche del año 1989, Mitterrand propuso la creación de una confederación que asociara a todos los Estados europeos “en una organización común y permanente de intercambios, paz y seguridad”, teniendo como condición previa para la unión a esta confederación la existencia en sus territorios de pluralismo político, elecciones libres, un sistema representativo y libertad de información.

En palabras del Presidente de la República, los países de la Europa del Este no estaban pidiendo “limosna” sino “razones para creer en un régimen de libertad y justicia, es decir, en un cierto modelo de vida dentro de una sociedad de derecho”.

Por ello, se puede afirmar que lo que Mitterrand buscaba con esta idea de la Confederación Europea puede ser resumido en torno a tres objetivos principales:

    1. Colaborar con los países de Europa Central y del Este que habían pertenecido al bloque soviético, sin integrarlos en principio en las Comunidades, para mantenerlos bajo la influencia comunitaria y el liderazgo francés.
    2. Allanar el camino para una mayor integración.
    3. Encontrar un sitio en Europa para la URSS, a la par que se protegía el proceso interno reformador de Gorbachov y se colaboraba con los soviéticos en materia de seguridad (recordemos que Francia abandonó el mando militar de la OTAN en 1966 y no fue hasta 2009 cuando se volvió a incorporar).

Aunque al principio la Confederación Europea recibió comentarios favorables, lo cierto es que entre sus objetivos principales se encontraban algunas de las razones por las que este proyecto acabó naufragando. Y la primera y principal de esas razones es que tanto los Estados Unidos como las naciones del Este se opusieron a la participación de la URSS en la Confederación. 

La Confederación Europea de Mitterrand planteaba una integración del bloque soviético para asegurar la paz en Europa (Wikimedia)

La oposición americana se explica porque lo que Mitterrand pretendía en realidad era eliminar la dualidad existente en las relaciones internacionales, desplazar la pujanza americana en Europa y crear una nueva organización europea en la que Francia asumiría el liderazgo político. De esta manera, se dejaba a un lado a los Estados Unidos y se presentaba a Francia como una alternativa.

Por otro lado, los antiguos Estados de la órbita soviética se negaban a compartir espacio con una URSS todavía inestable de la que se habían liberado hacía poco tiempo. Además, los países del Este preferían una unión a la OTAN antes que las escasas garantías de seguridad ofrecidas por la Confederación.

Todo ello generó un caldo de cultivo que acabó desembocando en el fracaso de la Confederación Europea tras la Cumbre de Praga de junio de 1991.

 

¿Y EL CONSEJO DE EUROPA?

A estas alturas, seguro que más de un lector está pensando en todas las organizaciones de carácter europeo que existen en el viejo continente y se está haciendo preguntas como: ¿y el Consejo de Europa? ¿No puede asumir esta función? Y, si no puede, ¿por qué?

Pues bien, antes de responder a estas preguntas me van a permitir que empiece mi explicación satisfaciendo una manía que tengo a la hora de hablar del tema y es comenzar diciendo que el Consejo de Europa no forma parte de las instituciones que conforman la Unión Europea. Dicho esto (no se pueden imaginar la gran confusión existente entre Consejo de Europa, Consejo Europeo y Consejo de la Unión Europea), para entender por qué existe esta organización y cuáles son sus funciones, es importante hablar de la historia de la política europea tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

Membresía actual del Consejo de Europa. Se diferencia entre países fundadores (amarillo); miembros que se incorporaron posteriormente (azul) y miembros que han sido expulsados (rojo) (Wikipedia)

En aquel momento, especialmente en el Congreso de Europa reunido en La Haya del 7 al 11 de Mayo de 1948, se pusieron de manifiesto las dos grandes corrientes europeístas que han marcado el rumbo del continente: por un lado estaban los que se sentían satisfechos con una cooperación intergubernamental y, por el otro, se encontraban los que deseaban una integración de carácter federal.

Ambas ideas de Europa acabaron desembocando en la creación de distintas organizaciones que aún hoy en día perviven. Los que apoyaban una mayor integración, que eran partidarios de la cesión de soberanía y la creación de instituciones fuertes, vieron una salida a sus aspiraciones con la creación de la CECA, precursora del actual proceso de integración europeo.

Por su parte, las corrientes intergubernamentales, lideradas por los anglosajones (que no eran partidarios de la cesión de soberanía sino de una mayor cooperación), dieron un espaldarazo a sus tesis con la creación del Consejo de Europa. Y he aquí la clave del asunto. 

Pleno del Consejo de Europa (Vincent Kessler (OPZ))

¿Puede el Consejo de Europa asumir las funciones que se otorgarían a la comunidad política europea? No. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la comunidad y el Consejo de Europa responden a lógicas distintas. El Consejo de Europa está guiado por las tesis intergubernamentales mientras que, recordemos, uno de los objetivos de la comunidad es mantener «la fuerza y ​​la ambición de nuestra integración».

 

CONCLUSIONES

En opinión de quien les habla, este proyecto de la comunidad política europea contará con algunos de los problemas de su predecesora. Los Estados Unidos van a mostrar sus reticencias con la misma por la simple y llana razón de que lo que Macron busca es lo mismo que buscó Mitterrand en su momento: desplazar la influencia americana en Europa y sustituirla por una comunidad liderada por Francia. Especialmente en un momento de tensión entre ambas potencias después del desplante sufrido como consecuencia de la alianza conocida como Aukus.

No obstante, es correcto reconocer que la situación actual es muy diferente a la que vivía Europa a comienzos de la década de 1990. Por aquel entonces no había una guerra en suelo europeo (la Guerra de los Balcanes comenzó después de la Cumbre de Praga de 1991 en la que fracasó el proyecto de la Confederación Europea), ni se habían desarrollado los temas sobre seguridad y defensa dentro de las Comunidades con el grado con el que se han desarrollado en fechas recientes. Aunque es cierto que los países involucrados siguen viendo a Estados Unidos y la OTAN como un socio más fiable en estas cuestiones.

Además, hay otro factor a tener en cuenta. El orden mundial actual gira en torno al Indo-Pacífico e incluye a otro actor que hasta ahora no se había mencionado: China. Una mayor autonomía europea en cuestiones de seguridad y defensa permitiría a Estados Unidos desviar parte de los recursos que ahora se invierten en Europa y destinarlos a esta otra región del globo donde los americanos se van a tener que batir el cobre.

Por tanto, si la diplomacia francesa consigue superar estas trabas e incluye las aspiraciones americanas, consiguiendo aprovechar en su propio beneficio el buen cartel que tiene la OTAN, es posible que en un futuro veamos surgir la Comunidad Política Europea como una nueva organización. 

En todo caso, hay que recordar la frase de Antonio Cánovas del Castillo: “no hay más alianzas que las que trazan los intereses, ni las habrá jamás”. Por muchas teorías que podamos desarrollar, al final será la confluencia, o no, de los intereses particulares en momentos concretos la que marcará el futuro del proyecto europeo.


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