La situación de las minorías religiosas presentes en Irán ha estado intercalada entre periodos de esplendor y decadencia a lo largo de la milenaria historia persa. Tras más de cuarenta años desde la creación de la República Islámica, estos grupos buscan mayor igualdad frente a un sistema creado para la mayoría musulmana chií.

Irán, con una población aproximada de 80 millones de habitantes, es una sociedad heterogénea. La inmensa mayoría de la población es chií (89%), alrededor del 9% es suní y el resto está conformado por cristianos, judíos y zoroastrianos, entre otros. Asimismo, las comunidades musulmanas se identifican principalmente con líneas étnicas: los árabes (chiíes y suníes), azeríes (chiíes), bakhtiari (chiíes), baluches (suníes), kurdos (algunos chiíes, la mayoría suníes), lurs (chiíes), qashqai (chiíes), shahsevan (chiíes) y turcomanos (suníes).

(Eurekalert)

Según la ideología teocrática del Estado iraní, los armenios, asirios, judíos y zoroastrianos son ahl al-dhimma, personas legítimas o protegidas, así como ahl al-kitab, personas del Libro. Es por ello por lo que poseen ciertos derechos reconocidos como la capacidad de votar a sus propios diputados, el derecho a reunirse o el derecho a practicar su religión libremente. 

Por una parte, los cristianos están representados políticamente en el parlamento por grupos étnicos; los armenios tienen dos diputados, que representan a las poblaciones del norte y del sur, y los asirios y caldeos juntos tienen un diputado. Por otra parte, los judíos y los zoroastrianos tienen un diputado cada uno. Este tipo de representación política es una réplica exacta de la que existía durante la monarquía y mantenida tras la creación de la República Islámica en 1979.

Presencia milenaria en suelo iraní: nacionalismo y Estado

La relación entre nacionalismo y religión ha ido variando a lo largo de la historia moderna del país. El zoroastrismo fue la religión estatal de tres imperios persas preislámicos, y las comunidades zoroastrianas siguieron viviendo en el país tras la ocupación islámica. Experimentaron la opresión y la conversión, pero adquirieron especial importancia durante la época de la monarquía Pahlavi, que utilizó muchos símbolos zoroastrianos preislámicos para diseñar y enriquecer su nacionalismo moderno. 

En referencia a la comunidad cristiana iraní, los armenios, asirios y caldeos han vivido en Irán durante siglos. Sus historias están estrechamente entrelazadas con la evolución del Estado y la sociedad persa, pues Armenia estuvo bajo el dominio directo o indirecto de los persas durante doce siglos. La presencia judía en Irán es anterior a los cristianos, siendo reprimidos por la dinastía safávida, la cual hizo del chiismo la religión oficial del Estado, aunque su situación mejoró durante la dinastía Pahlavi. No obstante, la creación de la República Islámica, la ruptura de relaciones con Israel y el impulso de una política exterior antisionista hizo que muchos judíos iraníes decidieran emigrar del país.

Por tanto, en líneas generales, se puede decir que ha habido dos grandes corrientes nacionalistas en el Irán moderno. Por una parte, el denominado nacionalismo persa, empleado durante la monarquía de los Pahlavi, donde los componentes y símbolos zoroástricos se utilizaron para conectar el Irán moderno con un antiguo pasado preislámico y preárabe. Y por otra parte, el derrocamiento de la monarquía en 1979 y la creación de la República Islámica supuso también la caída de los componentes zoroástricos del nacionalismo persa, el cual quedaba sustituido por el chiismo duocedémico.

  (Belfer Center)

Situación actual

Aunque la constitución garantiza los derechos de las minorías étnicas y religiosas, en realidad, el gobierno central hace hincapié en el carácter persa y chiíta del Estado. La propia naturaleza teocrática del Estado y la ideología islamista han excluido a las minorías religiosas no musulmanas y no chiíes, así como a muchos musulmanes seculares, del acceso a la política, especialmente en lo que respecta a los verdaderos órganos de poder y toma de decisiones. 

Por tanto, estas minorías sufren discriminación no solo en lo que se refiere a su participación política sino también en cuestiones como el empleo, la educación y la vivienda, además de soler vivir en regiones subdesarrolladas, lo cual ha desembocado en diversas protestas a lo largo de los últimos años. 

El código penal iraní trata de forma diferente a los musulmanes y a los no musulmanes, ampliándolo al género y a la orientación sexual. Por ejemplo, la pena para un varón no musulmán que mantenga una relación sexual consentida con una mujer musulmana es la muerte; para el varón musulmán, son cien latigazos. 

La diferenciación entre musulmanes y no musulmanes es más evidente en la legislación que trata la homosexualidad. La ley distingue entre parejas activas (fael) y pasivas (maful). En el caso de las relaciones sexuales, si ambos son musulmanes, la pena es la muerte. Si, por el contrario, el coito no se ha producido, ambos reciben cien latigazos. El panorama cambia, sin embargo, si la pareja activa es un no musulmán y la pasiva es musulmana; entonces, el no musulmán está sujeto a la muerte en lugar de los latigazos.

La llegada del ultraconservador Ebrahim Raisi a la presidencia iraní, cuyas políticas están más alineadas a las del Líder Supremo, Ali Khamenei, no pronostican un cambio sustancial en la situación de estas minorías religiosas. Por tanto, a la hora de analizar la situación actual de las minorías religiosas en Irán, el problema principal no es tanto la ley o la constitución, sino sobre todo la falta de aplicación de los derechos consagrados en la constitución.


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