Si no eres mochilero es muy probable que ni siquiera conozcas su existencia, pero estos dos pequeños países asiáticos sin salida al mar pueden tener la clave en una batalla entre China y la India que se lleva fraguando durante décadas, se trata del control por la cordillera del Himalaya y de sus recursos, especialmente por el agua.

Entrar en una guerra directa y frontal como ya sucedió en 1962 entre China e India supondría con toda seguridad un coste tremendo tanto en vidas como de prestigio, ya no se enfrentarían son dos países poco desarrollados militarmente sino dos potencias nucleares, éste es el escenario de tablas mexicanas al que se enfrentan, desde prácticamente la independencia de la India. Así pues, una vez descartada la vía militar, hay que buscar alternativas y controlar a dos peones como Nepal y Bután con poco peso internacional puede ser de gran ayuda en un hipotético conflicto. 

Se podría considerar que la enemistad se remonta a la ocupación del Tíbet por parte del Ejército Popular de Liberación y su anexión a la República Popular China en 1950, el actual Dalai Lama se refugió entonces en la India, despertando así la furia de Pekín. Las monarquías de Bután y Nepal temerosas de seguir los pasos de sus vecinos tibetanos se lanzaron a los brazos de Nueva Delhi, que desde entonces les ha procurado asistencia económica y militar, hasta el punto de asumir el entrenamiento del Ejército Real de Bután y además ser el principal socio comercial. 

Enfrentamiento entre ambos ejércitos (Youtube: Amit Sengupta)

Como es de dominio público, una de las metas principales del Presidente Xi Jinping es restablecer las antiguas fronteras del Imperio Qing antes del centenario de la República Popular China y así reunificar todo el país bajo su mando (a todos nos viene a la mente la provincia rebelde de Taiwán y la ley de seguridad de Hong Kong), esto incluye las dos regiones en disputa con la India de Arunachal Pradesh y Aksai Chin. El control de estas dio lugar a la breve Guerra Sino-india de 1962 con una victoria aplastante de China, aunque Mao Zedong devolvió la administración de la primera región al gobierno indio. Desde entonces se han buscado soluciones por la vía diplomática, pero la latencia del conflicto ha estado siempre presente y el hecho de que sean dos de las mayores potencias en Asia que compiten por la supremacía regional ha provocado un distanciamiento cada vez mayor. 

Resulta que tanto China como India tienen su particular visión del ‘statu quo’, esta diferencia de percepciones y la puesta en marcha de la Iniciativa ‘One belt, One Road’ a través del POK (territorio de Cachemira administrado por Pakistán) y del Nepal (Bután ha rechazado formar parte), sin que la India haya puesto sobre la mesa una alternativa capaz de contrarrestar el expansionismo económico y militar de Pekín han dado lugar a un reguero de escaramuzas militares y a un aumento de la retórica quasi-belicista y nacionalista. 

Los puntos de vista sobre el ‘statu quo’ pueden parecer totalmente justificables para ellos mismos, pero adolecen de rigor histórico o cartográfico -herencia del colonialismo británico-, uno de los argumentos esgrimidos por parte de China para asumir la jurisdicción del valle de Doklam (en manos de Bután) y mejorar la vía terrestre, es el de que pastores tibetanos llevan allí su ganado regularmente a pastar y por lo tanto de facto es suya. Esta región es de vital importancia para la India ya que se encuentra al norte del Corredor de Siliguri o cuello de gallina, Nueva Delhi lo considera un territorio en disputa por lo que no va aceptar ningún cambio en su estatus sin su consentimiento. 

Por su parte el gobierno de Modi con un marcado tono nacionalista hindú tampoco quiere quedarse atrás, la región de Kalapani fue incluida en el nuevo mapa oficial de 2020 de la India, a lo que Nepal respondió cambiando su emblema nacional dónde aparece la silueta del país, pasando a tener 400 km cuadrados más de territorio.

En la parte superior izquierda de la silueta se aprecia la pequeña modificación (Wikipedia: escudo de Nepal)

Tanto Nepal como Bután son considerados regímenes híbridos, se celebran elecciones pero no todos los derechos y libertades están garantizados, a lo que hay que añadir su vulnerabilidad a los desastres naturales (acrecentados por el cambio climático) que la India ha aprovechado históricamente para sacar partido proporcionando ayuda humanitaria y económica a cambio de lealtad y saqueos constantes de sus recursos naturales, tanto es así que Bután no ha establecido relaciones diplomáticas con China. 

Pero en Nepal todo esto cambió en 2015, tras la negativa de la Asamblea Constituyente encargada de redactar la nueva Constitución de la recién proclamada República Democrática Federal de Nepal de otorgar un estatus jurídico diferente a los habitantes de las llanuras de Terai de ascendencia hindú, una sugerencia (imposición) proveniente de Nueva Delhi que querían que fuese incluida en el texto. Las fronteras fueron bloqueadas de manera oficiosa, dejando de abastecer a la población nepalí incluso después de que un terremoto de magnitud 7,8 se llevase la vida de más de 8.700 personas en abril. 

Por primera vez en su historia el Partido Comunista de Nepal se alzó con el poder tras su victoria en las elecciones de 2017 y Modi se encontró con una hostilidad hacia la India nunca antes vista, desde entonces las inversiones chinas se han multiplicado por ocho, al igual que los turistas provenientes del norte de la frontera.

Por su parte, Bután tras el conflicto que se produjo en la meseta de Doklan entre sus dos vecinos en 2017, se plantea sentarse a negociar con Pekín sobre la cuestión de mantener un estatus de país pacifista ya que muchos nepalíes empiezan a preguntarse si es hora de dejar atrás el histórico vasallaje hacia la India y conseguir una cierta emancipación como nación. 

Al margen de las disputas territoriales, la política, la economía y seguramente la viabilidad de estos dos pequeños y pobres estados estará supeditada a los caprichos geoestratégicos de ambos gigantes.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.