En 2007 el que fuera presidente de la República Popular de China, Hu Jintao, declaraba que el incremento del estatus y la posición de la República en el panorama internacional dependería tanto de su poder militar y económico como de los niveles de soft power. Como reflejo de nuestros tiempos, las potencias mundiales coexisten en un mundo nuclear, globalizado e interconectado, con importantes afecciones en la naturaleza del poder y su proyección. Este artículo es la primera parte de dos escritos que tratan de revisar cómo el fallecimiento de la monarca más longeva del Reino Unido puede afectar al poder blando británico.


LA COEXISTENCIA EN UN ENTORNO DE INTERDEPENDENCIA COMPLEJA 

Con la caída de la Unión Soviética a principios de los noventa, el sistema internacional entra en lo que se conoce como un cambio de paradigma en las relaciones internacionales. Fundamentalmente, los lustros que le subsiguen formalizan un estadio de unipolaridad norteamericana. A su vez, la disciplina geopolítica inicia un nuevo periodo de estudio, la posguerra fría, siendo este el momento en el que Joseph Nye y Robert O. Keohane, redactan la visión neoliberal institucionalista. En Power and Interdependence (1977), ambos enfatizan la influencia de la variable económica sobre la política internacional y doméstica, definiendo al sistema internacional como uno de interdependencia compleja. Este nuevo entorno no pierde la naturaleza realista del siglo XX, sin embargo, desvela una nueva serie de características que ponen en duda el alcance de algunas premisas. El mundo sujeto a la interdependencia compleja es uno donde relaciones, normas, reglas, y procesos afectan el comportamiento de los Estados bajo tres condiciones:

  • La existencia de múltiples canales de comunicación.
  • La ausencia de una jerarquía en los asuntos de Estado.
  • El menor rol de la fuerza militar.

En definitiva, este nuevo sistema internacional no cambia el objetivo principal de los Estados, la supervivencia, tampoco reduce su egoísmo en la consecución – siguen operando en un cálculo de coste-beneficio. Ahora bien, la influencia estructural, fuerza, más que nunca, a encontrar intereses comunes y nuevas formas de cooperación. Si bien es cierto que las características de este nuevo sistema, como ellos mismos reconocen, no son fuerzas inamovibles, demuestran dos cosas: ciertos condicionantes económicos están afectando a la política en distintos niveles, y segundo, el fin de la bipolaridad dio paso a nuevas formas de comprensión sobre el Poder y su proyección.

Por último, ambos autores reconocen una importante novedad del sistema internacional del siglo XXI – los efectos de la Globalización y la Revolución de la Información. Es aquí, donde situamos la relevancia del soft power. Por un lado, la Globalización de nuestro siglo ha superado fronteras y distancias, creando una transnacionalización tanto de oportunidades como de amenazas, haciendo que la proyección coercitiva del poder, especialmente entre democracias, se evalúe con mayor cautela. Por el otro, la Revolución de la Información , implica la reducción del coste de producción y transmisión de la información, una dramática revolución que ha desencadenado nuevos recursos y dilemas de Poder en las relaciones internacionales. Una de las situaciones que ha creado dicha revolución es lo que Joseph Nye define como “paradoja de la plenitud” – una explosión de información y datos como nunca – donde la atención se convierte en un recurso escaso y la credibilidad en uno crítico. Con ello, Nye, advierte que los Estados con poder serán aquellos que, sin reducir su poder duro, son capaces de distinguir qué conocimiento es valioso y dirigir el foco hacia al mismo. Propaganda, populismos y dobles raseros, serán punitivos en un mundo donde los gobiernos compiten por la credibilidad política.

Con todo ello, en este artículo se trata de introducir al lector en una nueva forma de poder, con objetivos muy concretos, capaz de ser blandido por varios tipos de actores, que utiliza herramientas diversas, y, sobre todo, que forma parte de este nuevo entorno internacional que hemos descrito.

 

¿QUÉ ES EL SOFTPOWER Y CUÁLES SON SUS DIMENSIONES? 

Joseph Nye acuña por primera vez el término en Bound to lead (1990), la premisa entonces era demostrar que los Estados Unidos no estaban en declive, sino que se mantenían como la primera potencia en poder militar y económico, pero también en una tercera dimensión, el llamado soft power (poder blando en castellano). En Soft Power: the means to success in World Politics (2004), Nye desarrolla el concepto para advertir a los legisladores norteamericanos, en plena guerra contra el terrorismo, que el poder de Estados Unidos no solo reside en ganar guerras sino también la paz. Con esta dirección, esta nueva forma de poder devuelve el protagonismo a instrumentos como la diplomacia, y audiencias como la opinión pública, para demostrar su relevancia en la consecución de objetivos políticos.

Soft power, se define como la habilidad de conseguir los objetivos que uno persigue a partir de afectar el comportamiento de los demás. Sin embargo, son sus dimensiones las que describen la diferencia cualitativa con las demás formas de poder militar o económico. En primer lugar, quien utiliza soft power pretende configurar el comportamiento de otros Estados en lugar de cambiarlo por la imposición de la fuerza, la amenaza o la recompensa. Esta nueva herramienta trabaja sobre las preferencias de los demás, buscando, de forma estratégica, genuina cooperación sobre nuestros objetivos. Por ello, en este caso para lograr los objetivos de política exterior, los analistas tendrán en cuenta variables que van más allá del nivel puramente estructural. Los Estados que utilicen soft power concentran sus energías en intereses compartidos sobre la base de culturas, ideas políticas, valores o agendas institucionales. A modo de resumen, en el ámbito del soft power la naturaleza de la relación de poder se construye sobre la persuasión como instrumento de atracción.

No obstante, el propio Joseph Nye, además de un importante número de académicos, identifica la intangibilidad del proceso de convertir esta forma de poder en resultados políticos. Por ello, define la segunda dimensión, las fuentes de donde adquirir soft power. A pesar de que el margen se ha mantenido abierto, en aras a consolidar cierta taxonomía, tres son las más importantes:

  1. Cultura, en lugares donde es atractivo para los demás. En este caso, un Estado puede capitalizar políticamente a través de dos formas de blandir el poder Primero, la denominada “Alta cultura” – Arte, Literatura, o Ciencia, ofreciendo efectos cortoplacistas, pero con fuerte atractivo para las élites de otros países. Por ejemplo, numerosos herederos a coronas de Oriente Medio se han educado en la prestigiosa academia militar británica en Sandhurst. Es más, algunos medios aseguran que uno de cada siete países posee lideres educados en el Reino unido. Segundo, “la Cultura popular”, no solo las élites son objetivo para conseguir objetivos de Estado, posiblemente hoy más que nunca, la población joven de esos países sea el verdadero target. Industrias como Hollywood, Bollywood, o el mass media, son activos clave en persuasión internacional, pero también lo son el deporte o la música. Ejemplo paradigmático es la visita, y el calado mediático, de Dennis Rodman a Pyongyang en 2019 durante las negociaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte para su desnuclearización.

Dennis Rodman junto al presidente norcoreano Kim Jong Un (The Times)

  1. Los valores políticos nacionales, cuando son consistentes tanto en casa como en el extranjero el cómo los países expresan sus ideas y acciones. Un valor político puede ser la protección y desarrollo de derechos humanos, ideas que expresan el interés nacional, afectando a la cohesión de la nación, la capacidad de liderazgo, y la efectividad de su gobernanza. En este caso, el paradigma tiene en gran consideración la aprobación de los ciudadanos del Estado que pretenden utilizar estos valores para su beneficio político. Es por ello, que cualquier asomo de hipocresía o incongruencia puede jugar un revés catastrófico. Los escándalos de Guantánamo, son un ejemplo de una situación que puede afectar la confianza de otras sociedades sobre el compromiso norteamericano en el respeto a los derechos humanos sin fisuras.

 

Prisioneros en el centro penitenciario de Guantánamo en enero de 2002 (New York Times)

 

  1. Los objetivos de política exterior, cuando son vistos como legítimo y con autoridad moral. Es complejo encontrar una fuente de soft power con mayor repercusión que la extensión del interés nacional más allá de nuestras fronteras. El famoso Plan Marshall a finales de la Segunda Guerra Mundial, no solo es un ejemplo claro de soft power, sino que es sustento de las nociones liberales norteamericanas en suelo europeo. En este caso, el componente persuasivo reside en cuanto “B” comparte los valores de “A” y, cómo califica esa relación. De nuevo, la efectividad reside en la coherencia y no en los dobles raseros. En tiempos de globalización e interdependencia, las democracias tienen retos serios para no incurrir en incoherencias. Meses atrás, en plena crisis energética, la Comisión Europea anunciaba que duplicaría su provisión de gas natural proveniente de Azerbaiyán. Este caso es un ejemplo de la advertencia, el régimen de Aliyev no es una democracia representativa ni cumplimenta con los valores políticos europeos.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, junto al Presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev (the Guardian)

 

CONCLUSIONES 

Este primer artículo es solo la primera parte de la aproximación a una nueva forma de conseguir objetivos políticos. En GEOPOL21, ante el fallecimiento de la Reina Isabel II de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, nos preguntamos si el Reino Unido ha perdido a su mejor activo de soft power. En concreto, se analizará cómo la monarca fue capaz de revertir décadas de colonialismo en una asociación de países orgullosos de conformar la Commonwealth of Nations.

 


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.