China presenta sus reclamaciones territoriales como una cuestión de soberanía y reunificación nacional. Sus vecinos, en cambio, ven en ellas un desafío al statu quo que combina presión diplomática, presencia militar y control gradual sobre el terreno. Taiwán concentra el riesgo de una guerra entre grandes potencias; el mar de China Meridional, la disputa más amplia y persistente; y la frontera con India, una rivalidad terrestre de difícil solución. Pero el mapa de las ambiciones de Pekín exige matices: no todas las áreas señaladas son reclamaciones formales, ni toda reivindicación implica un plan de anexión. La geografía importa, pero también la política interna, el derecho y la credibilidad internacional. Las disputas territoriales de China se describen a menudo como un proyecto de expansión sin límites. Esa interpretación resulta tentadora: Pekín reclama Taiwán, mantiene controversias fronterizas con India y disputa islas y espacios marítimos ...
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