El intento de golpe de Estado en Benín el 7 de diciembre de 2025 no solo puso a prueba la estabilidad política del país, sino que evidenció la creciente pugna geopolítica en África Occidental. A diferencia de otros casos recientes en el Sahel, la sublevación fracasó gracias al respaldo decisivo de la CEDEAO, Nigeria y Francia.
Sin embargo, la crisis reveló la confrontación entre dos modelos regionales: el bloque occidental liderado por la CEDEAO y la Alianza de Estados del Sahel, apoyada por Rusia.
En un contexto marcado por la expansión del terrorismo yihadista, Benín emerge como pieza clave en el equilibrio estratégico del Golfo de Guinea.
Benín ha sido el último país africano donde militares sublevados han intentado tomar el poder. Pero a diferencia de otros escenarios, el intento de golpe de estado fracasó situándose el país como eje de las tensiones regionales. Un escenario más de las pugna global que se vive en la región actualmente, con el preocupante trasfondo de la expansión del terrorismo yihadista.
INFORME GEOPOLÍTICA DE BENÍN
En un mundo extremadamente globalizado, lo que sucede en un pequeño país de África Occidental como es Benín, trasciende el ámbito nacional y regional, convirtiéndose en un nuevo escenario de la partida de ajedrez global que se libra en la actualidad.
Por toda África se está extendiendo una corriente golpista y de protestas generalizadas. Ambas manifestaciones, aunque son dispares en sus formas, son un reflejo de un malestar social generalizado en países tan distintos como Marruecos hasta Madagascar. Hay causas comunes en el continente que justifican el nivel de inestabilidad política como pueden ser el cambio generacional de una población muy joven respecto a sus dirigentes con una progresiva falta de legitimidad, la explosión demográfica, las escasas expectativas sociales, el hartazgo de una situación económica que no varía en generaciones, la acumulación de poder en manos de los gobiernos, la riqueza natural sin que exista un beneficio colectivo, la corrupción o el papel de potencias extranjeras.
En el caso del Sahel y África Occidental, existen otras peculiaridades singulares que impactan de manera directa en el devenir político regional como son la expansión del terrorismo yihadista, el asentamiento del crimen organizado y las fuertes tensiones geopolíticas que se manifiestan en la zona. Benín, un pequeño país conformado por aproximadamente 15 millones de habitantes, fronterizo con Togo al oeste, al norte con Burkina Faso y Níger, al este con Nigeria y con una línea de costa al Golfo de Guinea, no es independiente a las tensiones regionales ni a la amenaza yihadista en plena expansión hacia al sur.

Imagen que representa cronológicamente los golpes de estados sucedido en África desde 2020. Fuente: Geopol21.
En este informe buscamos dar un contexto geopolítico, desde la perspectiva de la seguridad y con el trasfondo yihadista, a la intentona golpista que sufrió el país a principios de diciembre de 2025.
El FRACASO GOLPISTA
El domingo 7 de diciembre un pequeño grupo de militares liderados por el teniente coronel Pascal Tigri apareció en la televisión pública de Benín anunciando la toma del poder por el Comité Militarie pour la Refondation, la deposición del presidente electo Patrice Talon, ordenando el cierre de las fronteras nacionales y solicitando a Francia que se abstuviera de una posible implicación. Un “modus operandi” que se había repetido en países vecinos que terminaron consolidando un cambio político en manos de juntas militares y que se llevaron a cabo sin derramamiento de sangre ni oposición efectiva entre las fuerzas de seguridad, así como sin una respuesta popular de oposición o la resistencia activa de Francia, actor exterior decisivo en el panorama regional.

Militares golpistas en la televisión pública de Benín. Fuente: Benín TV (Vía Reuters).
Al igual que en casos similares, los alzados justificaron su acción como una respuesta a la inseguridad al norte del país (donde el yihadismo se está infiltrando desde países vecinos), la inmovilidad del gobierno, la degradación democrática y una firme oposición a la presencia francesa en el país, ya que consideran insuficiente su involucración en la seguridad nacional acusándola de velar únicamente por sus intereses.
El día del golpe la situación en Cotonú, principal ciudad de Benín y sede del gobierno, se vuelve confusa. No hay un número importante de militares desplegados en las calles ni tampoco se registran tiroteos. La pugna por ganar el relato, controlar la retórica de victoria y la desinformación por diversos medios comienzan a fluir de manera precipitada, jugando un papel muy activo las redes sociales.
El gobierno presidido por Patrice Talon realiza un comunicado oficial a las pocas horas del alzamiento a través de su ministro del interior en la misma televisión nacional que transmitió el comunicado de los golpistas, asegurando que el golpe de estado había fracasado y el gobierno controlaba la situación. Pero a pesar de este comunicado la situación sigue siendo de incertidumbre. Por la tarde se registran tiroteos, explosiones y sobre Cotonú se registra una alta actividad inusual de operaciones aérea de países extranjeros como de Costa de Marfil, Francia y aeronaves de combate de Nigeria. Francia presta apoyo directo y Nigeria llega a desplegar tropas en apoyo al presidente electo.

Vehículo blindado en las calles de Cotonú. Fuente: Reuters.
Durante el transcurso de la tarde no se producen manifestaciones populares a favor de los golpistas (como en Níger o Burkina Faso en su momento), logrando las tropas leales al gobierno con el apoyo de aliados extranjeros la liberación de altos mandos detenidos afines al gobierno y se filtra la petición de asistencia por parte del gobierno a las fuerzas de reservas de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), donde el liderazgo es ejercido por Nigeria.
Conforme iba transcurriendo el tiempo la situación era favorable al gobierno y el temor a una insurrección en las fuerzas armadas se fue diluyendo, afianzando en el cargo a Talon gracias al apoyo de la CEDEAO y Francia.
EL CONTEXTO REGIONAL EN LA CRISIS DE BENÍN
Benín ha sido el último escenario donde ha confrontado dos ideas para África Occidental, la que propone la Comunidad Económica de Estados de Africa Occidental (CEDEAO) y la alternativa que supone la Alianza de Estados del Sahel (AES).
La CEDEAO es la histórica organización regional que aglutina a la mayoría de los países de África Occidental desde Senegal a Nigeria. Esta asociación económica, comercial y política, se encuentra liderada por Nigeria y Costa de Marfil, teniendo ambos países unas fuerzas armadas relevantes a nivel regional (siendo las nigerianas de mayor importancia), pero que no les garantiza una seguridad interior estable.
En el caso de Nigeria el país se enfrenta a una grave situación de inseguridad con amplios focos de insurgencia yihadista al norte, así como una delincuencia organizada que ha sembrado el caos en amplias zonas del país. La CEDEAO es una organización cercana a Occidente y a Francia, que no es un actor más con pasado colonial en África Occidental, sino un país con extensos intereses en el área y que ha tutelado la política regional en gran parte desde la descolonización.
Enfrente se encuentra AES, una alianza de reciente creación que reúne a tres países del Sahel como son Malí, Níger y Burkina Faso. La AES ha emergido como un grupo antagónico a Occidente, principalmente a Francia, amparado por Rusia, con una visión regional enfrentada a la CEDEAO y que se ha convertido en referencia política de las ideologías panafricanistas en la zona. Los tres países que conforman la AES están gobernados por juntas militares que ascendieron al poder a través de golpes de Estados, justificados por la precaria situación de seguridad que atraviesan ante una amenaza yihadista que no cesa de expandirse.
Principalmente, desde 2023 la AES había incrementado su confrontación contra Benín acusando al país de alberga bases francesas que interfieren en los asuntos internos de la AES. Estas acusaciones son principalmente lideradas por Níger, país que comparte con Benín amplias zonas fronterizas y, sobre todo, intereses económicos entorno al oleoducto Níger-Benín, cuya explotación es China. Níger funciona en este proyecto como el país productor de petróleo y Benín como el puerto por donde ese petróleo tiene su salida exterior y al mercado chino. Es cierto que Francia mantiene una presencia militar de cooperación con Benín, pero no existen pruebas reales más allá de la retórica de los lideres de la AES de un apoyo de Francia a grupos yihadistas.

Manifestación en Bamako en 2024 donde un cartel muestra la rivalidad entre ambas organizaciones regionales. Fuente: RFI.
Tanto Benín como Níger, mantienen las fronteras mutuas cerradas, un factor que afecta directamente al suministro de mercancías y comercio de Níger, ya que al tratarse de un país sin salida directa al mar dependía en gran parte para su abastecimiento del puerto de Cotonú
Tras la intentona golpista en Benín, la situación se ha deteriorado aún más con Níger, de donde Benín ya había retirado su embajador en febrero de 2025. Se sospecha que en Níger se ha refugiado el coronel Pascal Tigri, líder golpista. Esto ha provocado una crisis entre ambos países de mayor repercusión y la ruptura de las relaciones diplomáticas, la expulsión de personal consular y una escalada en las acusaciones de injerencias mutuas, así como la suspensión de los tránsitos comerciales. Ello, además, ha conllevado el bloqueo por parte de Benin de suministros hacia Níger, incluido material militar depositado en el puerto de Cotonú.
En Benín han confrontado de manera indirecta ambas organizaciones regionales, ya que la AES apoyó a los golpistas mientras que la CEDEAO fue determinante para garantizar el orden republicano en Benín. Desde el domingo 7 de diciembre ambas organizaciones mantienen las tensiones (incluida la retención en Burkina Faso de un avión militar nigeriano), aunque con el paso de las semanas la situación se ha ido estabilizando.
El golpe de estado en Benín podía suponer una crisis de credibilidad definitiva para la CEDEAO que ya en 2023 hizo un amago de intervención en Níger cuando se produjo el golpe de estado pero que finalmente no se llevó a cabo pese a sus amenazas. A diferencia de Benín, en 2023 EE. UU. aún mantenía una base militar en Níger y su confianza en poder mantenerla terminó replanteando los planes de la CEDEAO de intervención, ya que no contaron con la aprobación estadounidense para una posible intervención. EE. UU. veía en esta posibilidad de intervención militar un posible agravante del escenario con el trasfondo de la amenaza yihadista en la zona.
Finalmente, EE. UU. se tuvo que retirar de Níger al igual que Francia, quien en 2023 tomó una posición pasiva ante el golpe que derrocó a un aliado cercano como era el presidente electo nigerino Mohamed Bazoum. En el caso de Benín a diferencia de los golpes de Níger o Guinea Bissau (donde se ha mostrado más flexible y no hubo amenaza de intervención militar directa), la CEDEAO pronto mostró su apoyo efectivo al gobierno legítimo de Patrice Talon, al igual que hizo Francia. Es importante mencionar la supuesta deriva autoritaria que desde la sociedad civil beninesa se ha denunciado sobre las políticas de Talon pero que no han sido suficientes para que los golpistas recibieran un apoyo popular masivo que favoreciera el alzamiento.
El decisivo respaldo no solo retórico sino real de los aliados de Benín, desvaneció las intenciones golpistas y disuadió el efecto contagio de sublevación a otras unidades del ejército, reduciéndose el conato de golpe de estado a la ciudad de Cotonú. La caída de Benín en un gobierno afín a la AES habría supuesto para esta organización una ampliación de su área de influencia, la caída de un adversario político como es Patrice Talon, la expulsión de su enemigo francés de otro país africano y una salida al mar de una asociación interior que necesita manejar un puerto propio.
Para la CEDEAO el triunfo golpista habría supuesto una crisis de autoridad, de debilidad interior que podría animar a casos similares que no cesan de producirse y a un aislamiento territorial de Nigeria con el resto de sus socios.
A diferencia de otros escenarios, Francia adquirió un papel muy activo en la crisis de Benín, tomando la iniciativa y decidido apoyo militar, aunque contenido, a su aliado regional, intentando recuperar su rol de socio fiable. Esta respuesta pudo resultar decisiva y ha supuesto un giro ante lo que parecía un repliegue continuo de la antigua metrópolis en el mapa africano.
La presencia francesa ha disminuido considerablemente en toda África ya sea de manera forzada como en el Sahel, como por iniciativa propia y concordada con gobiernos locales, con el objetivo de adaptar sus despliegues en un escenario donde han podido ver reducido sus intereses o directamente han sido sustituidos por otras potencias tanto en el ámbito comercial como militar.
BENÍN COMO ALIADO OCCIDENTAL
El Sahel y África Occidental son dos áreas de extrema importancia estratégica para Unión Europea. Es un área en plena explosión demográfica, importantes flujos migratorios hacia Europa, tráfico de drogas, actualmente epicentro del yihadismo a nivel global, pero con importantes recursos naturales, rutas marítimas indispensables y un mercado comercial de millones de personas.
Desde 2021, la Unión Europea cuya presencia era delegada en gran parte en Francia, se encuentra en pleno retroceso regional. El ascenso de junta militares abiertamente antifrancesas en el Sahel y gobiernos democráticos críticos con Francia (como en el caso de Senegal), ha hecho que el área se encuentre muy cercana a la órbita rusa. Un riesgo en seguridad teniendo en cuenta la confrontación directa en la que se encuentra la Unión Europea y Rusia cuyo epicentro es Ucrania, pero de extrapolación y repercusiones a nivel global.
Rusia, a través del cuerpo expedicionario África Corps (herederos de Wagner), cuenta con presencia militar confirmada en Malí, Níger y Burkina Faso, aunque buques rusos vinculados a sus actividades de subversión, se encuentran en amplias zonas costeras de África. Rusia presta apoyo a cambio de préstamos y pagos que se realizan a través de concesiones minerales y de explotación de recursos naturales.
Benín se ha convertido en un aliado esencial para que la Unión Europea y Francia no pierdan definitivamente influencia en el área. El país ha sufrido infiltraciones de grupos yihadista en el norte del país y ataques de entidad, pero la amenaza se encuentra más contenida que en los países del Sahel y el vecino nigeriano. La UE ha incrementado de manera notable su apoyo militar al país, siendo eje central en el programa de cooperación militar UE SDI Golfo de Guinea. Como parte de este proyecto que busca estabilizar estructuras de seguridad que contenga el yihadismo o la expansión de la piratería, Benín se ha beneficiado de varias iniciativas en financiación de defensa, asesoramiento y recepción directa, aunque moderada, de equipamiento militar, así como de ayuda civil al desarrollo.
En este ámbito España ha mantenido un papel activo en estos programas de cooperación en seguridad. Francia, de manera unilateral, mantiene amplios acuerdos en defensa con Benín y aunque su presencia militar no conlleve un importante despliegue de efectivos, es existente y a demanda de Benín. Principalmente, Francia proporciona a Benín apoyo aéreo, llevando a cabo misiones de monitorización ISR (inteligencia, vigilancia y reconocimiento), enfocadas en el norte del país y zonas fronterizas. Además, realiza de manera puntual donaciones de material, usa sus instalaciones portuarias para avituallamiento de su flota y mantiene una misión de vigilancia marítima en las costas de Benín y Golfo de Guinea. Por su parte, EE. UU. ha realizado recientemente donaciones de equipos militares a Benín, mantiene diversos programas de asistencia y entrenamientos.

Donación de vehículos militares por parte de EEUU. Fuente: Benín TV.
Tal como se ha mencionado, Rusia presta apoyo militar a los países de la AES, recibiendo a cambio contratos prioritarios en la explotación de recursos naturales que van desde el oro hasta el uranio. Para extraer estos recursos la vía aérea es cara y con menor capacidad, por lo que un acceso marítimo directo es un objetivo. Aunque los barcos rusos operen en Senegal, Togo o Guinea, Benín proporciona un acceso más directo a Níger donde el petróleo o el uranio son dos atractivos recursos. Rusia lleva años alimentando y financiando campañas mediáticas en redes sociales a favor de sus intereses, destacando el papel de importantes influencers locales antioccidentales.
Durante el transcurso del golpe militar, multitud de cuentas pro-rusas apoyaron el golpe y se desató una importante campaña de desinformación. También, se especuló, pero sin confirmación oficial, de la posibilidad de que dos barcos de bandera rusa se encontraran cerca de la costa de Benín durante el transcurso del intento de subversión.
A diferencia de los países de la AES, Benín no cuenta con importantes recursos naturales de entidad como petróleo, uranio, oro o gas. Su economía es de base agrícola, destacando la producción de algodón, y sus recursos naturales representan un porcentaje mínimo en su PIB. Esto lo aleja del interés extranjero por controlar los recursos, siendo su principal fortaleza su posición de acceso al mar que sí puede ser clave para los países del AES que están aislados y con una gran dependencia exterior para su abastecimiento.
LA AMENAZA YIHADISTA
El fantasma yihadista es una amenaza regional en plena expansión que abarca desde el norte de Malí hasta los países ribereños del Golfo de Guinea. Es una mancha que ocupa amplios territorios de Nigeria, Burkina Faso, Níger y Malí. La habilidad de adaptación de los yihadistas, su infiltración en las diferencias capas sociales, tribales y religiosas, así como su capacidad para proporcionar determinados servicios de asistencia o la oportunidad de prosperar social y económicamente, los hace una amenaza directa para estabilidad regional.
En el caso de Benín, los niveles de violencia son menores que en los países del Sahel o Nigeria, pero la presión está aumentando y la amenaza del yihadismo es creciente. Existen células terroristas con presencia en zonas boscosas del norte del país donde los yihadistas pueden contar con cobertura social y tribal. La actividad nómada relacionada con la ganadería de tribus como los fulanis, proporciona espacios para infiltración yihadista. Sus principales movimientos se han reportado en torno al área natural de Parc W.

Mapa elaborado por ACLED de ataques yihadistas en Benín y áreas cercanas. Fuente: ACLED.
Esta amenaza la capitaliza JNIM, grupo afín a Al Qaeda que propone el fin de las fronteras nacionales, la imposición de la sharía y la creación de un emirato islámico regional. Por ahora, ninguna de las franquicias regionales de Dáesh ha reclamado ninguna acción armada en Benín.
A pesar de la asistencia internacional comentada, 2025 ha sido el año más mortífero para las fuerzas de seguridad beninesas contando una cifra de bajas que supera el centenar. Además, de registrar presencia insurgente en áreas interiores del país lejanas de las zonas de influencia yihadista que se situaban al norte. Esta situación ha creado malestar en las filas propias lo que pudo impulsar la intentona golpista. En junio de 2025 se hicieron cambios en la cúpula militar con la intención de recomponer la estrategia anti yihadista y potencial la Operación Mirador, vigente desde 2022 con el objetivo de combatir la infiltración yihadista.
La posición de Benín con salida al mar al sur, objetivo anhelado por los terroristas que buscan una mayor involucración en el tráfico de drogas, así como país compartiendo fronteras porosas y difícilmente controlable por su carácter boscoso con países de arraigada presencia yihadista como Níger, Burkina Faso y Nigeria, hacen de Benín un objetivo interesante para los grupos yihadista como zona de conexión de distintas células insurgentes.
La confluencia de actores yihadistas con delincuencia común como las tensiones tribales, están conformando un frente al noroeste de Nigeria que afectará de manera directa a Benín. A ello hay que unir la presencia asentada al sur de Níger y Burkina Faso de yihadistas que pretenden aprovechar los espacios de inseguridad para aunar efectivos, favorecidos por la falta de cooperación estatal, su conocimiento del terreno y su alta capacidad de movilización, factores claves para aumentar sus operaciones en un eje donde se encuentra situado Benín.
Existe un incremento en las tendencias que han tomado organizaciones dedicadas a la delincuencia común o el bandidaje, adoptando los postulados islamistas radicales. Ello busca una legitimidad frente a la población, amparándose en supuestos preceptos religiosos para conseguir adhesión voluntaria o forzosa, creando un espacio favorable al desarrollo de sus negocios vinculados a la criminalidad. Este fenómeno que se está asentando al noroeste de Nigeria, es capitalizado por una organización denominado Lakuwara, podría convertirse en una amenaza potencial para Benín. No solo por la propia naturaleza de la organización e intención de expandirse sino por la presión que pueden sufrir de las fuerzas de seguridad nigeriana y la necesidad de buscar refugio en zonas fronterizas. Hay que señalar que en Nigeria JNIM ha reclamado su primer ataque, una acción que posiblemente se proyectó desde Benín.
CONCLUSIÓN
Benín se ha convertido en el referente occidental, junto a Costa de Marfil, para recobrar la confianza con los países del Sahel y África Occidental en materia de seguridad. El ascenso de una junta militar similar a los de los países del Sahel hubiera supuesto un nuevo revés para Occidente y un nuevo socio para la estrategia rusa en África.
El golpe militar en Benín fracasó en gran medida por el papel activo de Nigeria y Francia, así como posiblemente por una falta de coordinación o traiciones internas entre los supuestos implicados y, sobre todo, porque no hubo una movilización masiva de apoyo en las calles. El supuesto triunfo del golpe de estado hubiera conllevado una situación aún mayor de incertidumbre regional. Además, de las posibles tensiones estatales, los grupos yihadistas podrían aprovechar la situación de caos y movilización de recursos militares para una mayor infiltración en territorio beninés.
Además, en los casos de los países que conforman la AES, el auge de las juntas militares no han supuesto un freno ni descenso de la violencia terrorista sino el efecto contario, un ámbito donde la asistencia rusa es insuficiente y está fracasando.
Aunque quedará desactivado el golpe, los argumentos que lo impulsaron siguen persistiendo. Solo una eficaz política de seguridad que impermeabilice las fronteras, un desarrollo económico de las áreas más remotas y aisladas del país, una política que avance hacia una correcta gobernanza con fortalecimiento institucional y el alejamiento de occidente de políticas paternalistas hacia sus socios africanos, mantendrán al país estable.
Respecto al desafío de seguridad que afronta toda la región, solo la cooperación transfronteriza logrará neutralizar o minimizar las múltiples amenazas, pero, por ahora, persisten los intereses personales y nacionales a una verdadera cooperación efectiva que resulta fundamental para neutralizar la expansión yihadista.
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