Las relaciones comerciales suponen las bases económicas más importantes del mundo. La ruta de la seda antigua ya formaba una de las redes más importantes en el siglo I a.C., pues conectaba a China con gran parte del mundo occidental por el negocio de la seda (de donde proviene el nombre) como eje fundamental.

Las renovaciones hacia esta han sido constantes, llegando a tener en la actualidad la red más influyente del mundo en cuanto a relaciones comerciales. Este nuevo recorrido se desarrolla a lo largo de Asia, Europa y África. Las nuevas conexiones que se están desarrollando en este último, resultan fundamentales para el entendimiento de los movimientos que realiza el gigante asiático en el continente africano.

La creación de vías de comunicación que conecten todo el continente es el proyecto en el que se ha centrado China para su objetivo comercial, centrándose en la energía como estrategia principal.

Estas inversiones reflejadas en las infraestructuras creadas y mejoradas en África, han generado conceptos como el de “Chináfrica” (aplicado por el catedrático de geografía humana de la Universidad de Cantabria, Pedro Reques), ejemplificando uno de los epicentros geoeconómicos más importantes de la actualidad.

Evidentemente, se debe dejar claro que todas estas infraestructuras no suponen un donativo por parte de China hacia África, pues son inversiones realizadas por estos para conseguir todo tipo de beneficios (económicos y geoestratégicos) en uno de los territorios con más potencial en el mundo.

De esta forma, surge la cuestión de si realmente este tipo de inversiones y progresos traen mas beneficios o problemas para la población africana, ya que, si bien se produce un claro beneficio económico, no es así en cuanto a derechos de los ciudadanos y la dependencia total de China, sumado a los problemas medioambientales arraigados por las diferentes instalaciones generadas.