La República Bolivariana de Venezuela ha sido durante décadas un punto clave en la geopolítica hemisférica americana. Bajo Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro —ahora reemplazado por Delcy Rodríguez tras la reciente operación estadounidense— Caracas ha fortalecido alianzas cruciales con Cuba, China y Rusia, países que han extendido su influencia económica, militar y de inteligencia dentro del país petrolero.
Este entramado de relaciones e influencias no solo contraviene los intereses estratégicos de Estados Unidos en su propio “patio trasero”, sino que también representa un riesgo creciente en términos de acceso a recursos naturales, capacidades de defensa y operaciones de inteligencia de potencias rivales en suelo latinoamericano.







