En la franja atlántica del norte de África se dirime uno de los contenciosos más sensibles existentes en torno a las fronteras españolas. El Sáhara Occidental, antigua provincia de España y hoy territorio de soberanía indeterminada, encierra bajo su aparente quietud desértica ambiciones estratégicas, recursos energéticos y cálculos militares. Mientras la diplomacia proclama cautela, sobre el terreno se consolida un equilibrio fáctico que redefine silenciosamente las relaciones de poder en el Magreb y que proyecta sus efectos hacia Europa.
SITUACIÓN GEOPOLÍTICA DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Los hechos históricos vinculados al Sáhara Occidental constituyen unas relaciones de distanciamiento diplomático considerable entre España y Marruecos desde hace más de medio siglo, destacando la invasión marroquí de la que fue provincia española hasta 1975. Actualmente, dejando de lado los hechos más oficiales y centrándonos en las relaciones de poder establecidas, es Marruecos, que ha encontrado en Israel un gran aliado, el que controla de facto el Sáhara Occidental.
La pretensión por el dominio de este territorio trasciende el mero aspecto de expansión geográfica o de orgullo nacional. En primer lugar, la costa del Sáhara Occidental es un entorno privilegiado para el acceso a la pesca en su Zona Económica Exclusiva, algo que aumenta el espacio actualmente disponible para Marruecos con este fin. En segundo lugar, la costa también permite acceder a los yacimientos de hidrocarburos presentes justo sobre ella o a unas pocas decenas de kilómetros Atlántico adentro. En tercer lugar, controlar el Sáhara Occidental también pone a Marruecos en una posición ventajosa con respecto a la competencia por España (vía Islas Canarias) por el control de las aguas en torno a la región. Por supuesto, aunque sea este un escenario del más largo plazo, flanquear de este modo las Islas Canarias también puede ayudar a satisfacer planes expansionistas marroquís más allá del continente.

En cuarto lugar, centrándonos ahora en tierra firme, encontramos también hidrocarburos al norte del Sáhara Occidental, un espacio en el que Marruecos mantiene una presencia militar constante. En quinto lugar, el Sáhara Occidental ha sido un entorno conocido desde comienzos del siglo XX, explotando España ya en los años 60 la mina de Bucraa, por la presencia de fosfatos (muy útiles en la fabricación de fertilizantes, en cuanto a lo que Marruecos, sin contar el Sáhara Occidental, ya es potencia mundial). De hecho, en zonas espaciosas del Sáhara que incluyen a Marruecos o Argelia se encuentran también, como vemos, recursos minerales de potasa, que son sales ricas en potasio utilizadas para fabricar fertilizantes.
En conjunción con todo esto, debemos tener en cuenta que, actualmente, el Sáhara Occidental incurre en lo que podríamos denominar “sesgo de descubrimiento”, y es que, aunque lleven tiempo haciéndose, las prospecciones geológicas aún tienen un amplio recorrido en esta zona, por lo que posibles nuevos descubrimientos sobre los elementos que ya hemos mencionado o cualesquiera otros siguen siendo posibles (hay presencia menos relevante de oro o níquel, por ejemplo), tanto dentro de las fronteras como en la Zona Económica Exclusiva. En quinto y último lugar, debemos hacer referencia a un recurso estratégico esencial como son las tierras raras, pues en el Sáhara Occidental hay ocurrencias minerales detectadas, cuya viabilidad económica futura solo se podrá conocer con posteriores intervenciones.
PROYECCIÓN A FUTURO Y ACTUACIONES POLÍTICAS
Como podemos observar en el mapa, las redes de conectividad útiles para el tráfico de mercancías y recursos naturales, como son las carreteras y líneas de ferrocarril, tienen una clara presencia en torno a la costa septentrional africana, disminuyendo su densidad hacia el interior. Por su parte, los oleoductos y gasoductos que podemos ver desarrollados hacia el interior del desierto del Sáhara pertenecen a Argelia, que no desaprovecha las enormes ventajas geográficas de ser el país más grande de África y el décimo a escala mundial, unas ventajas como son los enormes reservas de hidrocarburos bajo su superficie.
El valor estratégico del Sáhara Occidental, por tanto, se mide en términos de potencialidad. Además de una ampliación al Atlántico que encierra intereses económicos y políticos, su control permite aumentar la infraestructura en pro de una mejor extracción y transporte de los recursos naturales —ya descubiertos o por descubrir— asociados a este territorio. En consonancia con ello, la presencia militar marroquí al norte de la región, especialmente en las ciudades de Aaiún (la capital y la más poblada) y Esmara (ciudad muy relevante por su contexto histórico y religioso), tiene el objetivo de fortificar y evidenciar el gobierno fáctico de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, y a partir de ello proteger esos recursos naturales mencionados y defender su extracción por parte del Gobierno de Rabat.
Por supuesto, aunque una anexión siempre pueda resultar ventajosa para un país, la mera instrumentalización del propio territorio y de los recursos presentes en él supone ya un enorme beneficio para Rabat. En el futuro, el posible reconocimiento internacional del Sáhara Occidental como territorio marroquí permitirá dilucidar actividades como la pesca en su Zona Económica Exclusiva, que actualmente, aunque haya acuerdos internacionales, se encuentra por lo general en un limbo alegal, y por lo tanto puede suscitar controversias entre distintos agentes políticos interesados (Unión Europea, Rusia y el propio Marruecos).
En conclusión, al no poseer el Sáhara Occidental un Gobierno que pueda determinar los actos dentro de sus fronteras (o en su Zona Económica Exclusiva), este territorio queda a merced de los pactos y pulsos de poder entre distintos Estados, que determinarán su futuro en estos sentidos. De hecho, si el gobierno de facto marroquí no ha pasado a ser de iure por el momento se debe en gran medida al peso diplomático que ello tendría. Sin embargo, es precisamente este motivo por el que esas estrechas relaciones entre Marruecos e Israel que comentábamos al comienzo de este análisis cobran una gran relevancia, puesto que nos muestran que el Gobierno de Rabat está sólidamente posicionado y aventajado en este escenario.






