Las fronteras de América del Sur parecen hoy líneas asentadas, pero son el resultado de dos siglos de guerras, arbitrajes y tratados. Tras la independencia, las nuevas repúblicas heredaron jurisdicciones coloniales imprecisas y territorios apenas controlados. Ríos navegables, desiertos salitreros, selvas caucheras y llanuras supuestamente petrolíferas convirtieron la cartografía en una cuestión de poder. Desde la guerra de la Cisplatina hasta el conflicto del Cenepa, los Estados combatieron para transformar pretensiones jurídicas en soberanía efectiva. El mapa sudamericano no nació terminado: fue perfilado por ejércitos, recursos estratégicos, nacionalismos rivales y una diplomacia que casi siempre llegó después de las armas.
Un mapa heredado, un territorio por conquistar
Cuando los imperios ibéricos se retiraron de América del Sur, dejaron capitales, audiencias y virreina
GEOPOL 21
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