El sistema internacional está cambiando, y el conflicto de Ucrania se ha convertido en el propulsor de éste. La guerra está demostrando las debilidades diplomáticas, incapaces de evitar el ataque ruso. Las rivalidades entre los bloques de la Guerra Fría han sido reavivadas tras el conflicto en el este de Europa. Además, el ascenso de China y su influencia sobre el atacante, están comprometiendo el inquebrantable liderazgo mundial de Estados Unidos.


Hasta febrero de 2022, en el oeste, la posibilidad de una guerra se encontraba lejana, y más si nos centramos en territorio europeo. Tras la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, vino la calma que precede a la tormenta y nadie pensaba en volver a los bombardeos, pero el 24 de febrero de 2022, el nacionalismo ruso, encabezado por Vladimir Putin, acarreó lo que tanto se temía en Europa: una nueva guerra. A pesar de los esfuerzos diplomáticos buscando disminuir la posibilidad de conflicto, Occidente fue incapaz de contener la amenaza rusa que comenzó la invasión a Ucrania. Este fracaso diplomático ha dejado en entredicho el poder de Estados Unidos y Europa, dando vía libre a China para tomar el poder de la situación.

Mapa del apoyo o rechazo en el mundo a las actitudes belicistas de Rusia. (The Economist)

Hasta ahora, China se había visto como potencia mundial a nivel económico por su desarrollo en este ámbito, pero su sistema político siempre había sido un impedimento. No obstante, las limitaciones diplomáticas de Occidente le han dado a China una gran oportunidad donde Xi Jinping, usando positivamente su estrecha relación con Vladimir Putin, podría propiciar el final de las hostilidades en Ucrania, incrementando su legitimidad en el sistema internacional.

 

EL FRACASO DIPLOMÁTICO DEL OESTE

Europa y Estados Unidos no supieron ponerle freno a las amenazas rusas, convirtiéndolas en realidad. El fracaso diplomático condenó a Ucrania a una guerra que lleva activa cerca de un año donde, a pesar de que Europa se uniera más que nunca para combatir la defensa de los ucranianos, los intentos fueron insuficientes.

Existen factores que explican los errores occidentales, pero el principal es que Vladimir Putin fue subestimado. Los continuos intentos de expansión de la OTAN hacia el este y la occidentalización de Ucrania sin represalias, a pesar de las contundentes amenazas por parte de Rusia, llevó a los líderes del Oeste a imaginar que el Kremlin no tenía poder suficiente para atacar. Como John J. Mearsheimer argumenta, si Europa y Estados Unidos hubieran tenido en cuenta lo que el líder ruso reivindicaba, este ataque no les hubiera sorprendido. La falta de preparación de Occidente a pesar de los avisos de Rusia, dejó a Europa y Estados Unidos indefensos y sin desarrollar las capacidades necesarias para hacer frente al ataque. Esta subestimación se vio reflejada en las negociaciones, donde las potencias mundiales no llegaron a ningún punto de encuentro que pudiera eliminar la posibilidad de conflicto, convirtiéndolo en una realidad. Estos fracasos diplomáticos no solo incitaron al líder ruso a atacar, sino que además, priorizaron la política a la seguridad y equilibrio internacional, dejando una Ucrania desprotegida frente al ataque ruso.

 

EL TRIÁNGULO DE KISSINGER: CHINA COMO TERCER VÉRTICE

Los errores diplomáticos de Occidente presentan una oportunidad para China, que, si es aprovechada, podría dar un vuelco al sistema internacional. La posición ventajosa de Xi Jinping con Vladimir Putin, debido a sus similitudes ideológicas, les ha llevado a tratar asuntos de gran repercusión internacional. Un ejemplo son los acuerdos fronterizos, que han concluido en un alineamiento estratégico entre ambas potencias, velando por la estabilidad de sus territorios. Estos acuerdos han reafirmado la buena relación que ambos líderes comparten y su capacidad para llegar a soluciones favorables para ambos.

China es el país con mayor presencia diplomática en el mundo. (Statista)

En el conflicto Ruso-Ucraniano se ha intentado usar a la Unión Europea y Estados Unidos como mediador, pero estos intentos han resultado en vano, ya que la falta de entendimiento entre las potencias era notable, y solo exacerbaba las tensiones y rivalidades con Rusia. Es por ello que, si China tuviese un posicionamiento neutral y un papel activo como mediador, Xi Jinping sería el único líder capaz de controlar los ataques de Vladimir Putin, debido a la similitudes que les han llevado a resolver conflictos que, en el bando europeo, resultan intratables. Usar a China como principal mediador entre Rusia y Ucrania sería replicar la estrategia elaborada por Kissinger en la Guerra Fría conocida en las Relaciones Internacionales como “Triangular Diplomacy” – Diplomacia triangular, donde un país, en este caso China, que tiene relaciones e intereses en ambos bandos del conflicto, toma el rol de pacificador.

Además, esta situación beneficiaría notablemente al país asiático, ya que sería la llave capaz de desterrar a Estados Unidos como líder mundial, tras demostrar tener más influencia y poder que éste para mantener la estabilidad internacional característica del siglo XXI en Europa. La resolución del conflicto ucraniano por parte de China conllevaría el incremento de legitimidad internacional de Xi Jinping, que tan cuestionado suele ser, a nivel interno y externo; pero también llevaría a la paz en Europa y consigo a lo que conocemos como normalidad.

Como demuestra este artículo, el poder de China no se debe subestimar, y en lugar de incrementar rivalidades, las potencias deberían unirse para así formar el triángulo diplomático de Kissinger más poderoso posible. A pesar de las insistencias, los intentos diplomáticos de Occidente no han sido suficientes para frenar los avances rusos, es más, en ciertos momentos han incluso incrementado la intensidad del conflicto en Ucrania, ya que el Kremlin se sentía amenazado por las presiones europeas. Es por ello que, otorgarle a China el poder de convertirse en el principal país mediador del conflicto sería la decisión más acertada, debido a su influencia y semejanzas con el gobierno ruso. La actual estructura del sistema internacional y la falta de confianza por ambas partes deja a las grandes potencias occidentales fuera de juego, recayendo, por tanto, gran responsabilidad sobre China para obtener la paz y terminar así con el sufrimiento de los ucranianos.

Esta imagen demuestra cómo quedaría el triángulo diplomático de Kissinger con China como tercer vértice en el conflicto Ruso-Ucraniano. Fuente: elaboración propia.

 


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