El cambio climático y el deshielo de la zona del Ártico ha despertado el interés de varios países en controlar el territorio, dado su elevado valor en cuanto a recursos naturales y la apertura de rutas comerciales alternativas más rápidas. Sin embargo, los efectos de esto podrían tener un impacto en la biodiversidad y las minorías que habitan en el Ártico.


ANTECEDENTES HISTÓRICOS Y CONTEXTO: DE LA GUERRA FRÍA A LA CNUDM 

Durante la Guerra Fría hasta los años 70, este espacio no recibía un gran interés desde el punto de vista de recursos pesqueros y naturales. En realidad, el principal interés que tenían los dos bloques era utilizar este espacio poco poblado para desarrollar pruebas armamentísticas. En 1972, Dinamarca y Canadá mandaron por primera vez a la ONU su acuerdo legal sobre territorios del Ártico, esto fue visto con cierto recelo por parte de la URSS. Aun así, no fue hasta las exploraciones llevadas a cabo en la década de los 80, cuando se descubrió su riqueza en recursos naturales y pesqueros, incentivando el deseo de controlar este territorio, dado que permitió a las partes deshacerse ligeramente de la dependencia de países como Irán, Arabia Saudita o Venezuela.

La particularidad del Ártico viene dada por su naturaleza y la cuestión sobre qué normativa se le debe aplicar. Al ser el Ártico un territorio cubierto de hielo, se le debería aplicar la misma normativa que al derecho del mar. Si nos acogemos al derecho internacional, el Polo Norte y la región del Océano Ártico no pertenecen a ningún país. Los países árticos circundantes disponen de una zona económica exclusiva de 200 millas náuticas (370 kilómetros) adyacente a sus costas (art. 76.1 de la CNUDM). A partir de esa distancia se consideran aguas internacionales. Sin embargo, en las últimas décadas los Estados Árticos han puesto a la práctica la llamada Teoría del sector para mantener su status quo. Si bien esta teoría es respetada, no es aceptada por el Derecho internacional.

La teoría de los sectores se basa en que a cada Estado con litoral en el Océano ártico se le atribuye la soberanía sobre las tierras e islas incluidas en el triángulo, el vértice de todos ellos coincidiendo en el polo norte (Véase Figura 1). En cada uno de esos triángulos se aplica la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, la cual no entra en vigor hasta 1994. Dada su regulación bastante genérica, la comunidad internacional reclama la creación de un Tratado Ártico que regule esta zona, algo que choca con los intereses de los Estados Árticos que pretenden mantener su posición privilegiada.

Reclamo territorial de los Estados Árticos según la teoría de los sectores (IBRU, Durham University)

EL OCÉANO DE OPORTUNIDADES QUE SE ABRE PASO EN EL ÁRTICO

Una de las principales razones por las que se ha visto incrementado su valor ha sido por el descubrimiento de importantes reservas de recursos naturales. Según estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos, el 22% de los recursos de hidrocarburos no explotados están en el Ártico. En un contexto en el que las demandas de recursos energéticos van aumentando, el valor del territorio se ha visto incrementado, especialmente debido al interés que han puesto en ella las mayores potencias mundiales.

Por otro lado, hay un segundo elemento que ha hecho del ártico un espacio atractivo para muchos. Y es que, en 2013, un total de 8.813.728 toneladas de pescado se capturó en esa zona, pero lo interesante es que cada vez este porcentaje va en aumento. La subida de temperatura del mar hace que los bancos de peces emigren a aguas más frías y esto hace que quien domine el Ártico tendrá acceso a estos recursos. En cuanto a esta cuestión parecen haberse dado pasos importantes dado que en junio de 2021 entró en vigor un acuerdo que evita la pesca no regulada en alta mar en el Océano Ártico central.

Un tercer factor es que además del gas natural y el petróleo, se ha descubierto que el subsuelo y el fondo marino del Ártico es extremadamente rico en cobre y otros minerales preciosos. Aunque por el momento sólo se tienen estimaciones aproximadas y se desconocen las cifras exactas, no hay duda de que los países árticos son reacios a ceder soberanía por lo que podría haber.

Por último, existe un cuarto factor que hace el Ártico muy codiciado: a causa del deshielo, el paso del norte se está agrandando y con ello los costes del transporte se reducirían enormemente. Aunque hay un total de cuatro rutas (Véase imagen siguiente), principalmente destacan la ruta del mar del norte (NSR) como alternativa al Canal de Suez y el paso del noroeste (NWP) como alternativa al Canal de Panamá. Por ahora, la ruta del ártico sólo es navegable un mes al año, pero es que hace cinco años eran tan sólo unos días y se prevé que en 2030 ya serán dos meses.

Rutas comerciales del Ártico (Humpert &Raspotnik (2012))

 

NUEVAS ESTRATEGIAS EN EL ÁRTICO EN PLENA TENSIÓN ENTRE LA OTAN Y RUSIA 

Los Estados Árticos son un total de ocho: Rusia, Canadá, Dinamarca, Noruega y Estados Unidos, Islandia, Suecia y Finlandia (los últimos tres países sin litoral).

Tal y como señala José Carlos Díaz González en el CISDE Journal, “El ártico es prácticamente la única región donde Rusia ha sido la potencia predominante de forma ininterrumpida”. Su deseo de dominar la zona viene de la mano de la economía rusa postsoviética basada en la energía, gas y petróleo. Para ello ha buscado en su explotación la compañía de China, quien dispone de la capacidad tecnológica y financiera que Rusia escasea, pero este último no tiene la condición de país ártico.

No hay que olvidar que Rusia no solo tiene interés en cuestión de recursos, sino también un importante aliciente militar para cuestiones de seguridad nacional. Rusia ha ido militarizando la zona justificando su necesidad de que “existe una gran posibilidad de que el Ártico ruso sea la primera línea de defensa en caso de un conflicto global, porque esa es la ruta más probable de un ataque con misiles nucleares del adversariodeclaró el presidente del Consejo de Expertos del Ártico y la Antártida ya en 2015.

Por su parte, Estados Unidos anunció el viernes 7 de octubre de 2022 un nuevo plan para la zona del Ártico donde hace más hincapié en la seguridad y coordinación entre países y en la lucha contra el cambio climático. Esta nueva estrategia tiene su objetivo en defender los intereses árticos para mitigar los riesgos de una escalada no deseada de un posible conflicto con Rusia. Cabe destacar que, por ahora, siete de los estados Árticos pasarán a formar parte de la OTAN y han anunciado que aumentarán su presencia en la zona.

Sin embargo, las organizaciones ecologistas ven con cierta preocupación las estrategias de explotación de los recursos en el Ártico y el impacto que puede tener no sólo para el medio ambiente sino también para las minorías. Greenpeace ya ha hecho pública su postura a favor de la creación de un santuario marino que salvaguarde el Ártico de las prospecciones petrolíferas y del tráfico marítimo en las nuevas vías creadas por el deshielo.

EL CONSEJO ÁRTICO: EL FUTURO DE LA COOPERACIÓN Y EL MULTILATERALISMO EN EL ÁRTICO

A pesar de los intentos de ordenamiento y regulación por parte de los organismos internacionales, existen muchas disputas y reclamaciones territoriales como por ejemplo el Mar de Beaufort o la Isla de Hans.

En 1996 se creará el Consejo Ártico mediante la Declaración de Ottawa. Este es un foro intergubernamental con el objetivo de fomentar la cooperación, coordinación e interacción entre todos para estudiar todos los asuntos relativos al medio ambiente y desarrollo sostenible, aunque carece de personalidad jurídica. El Consejo está compuesto por los ocho Estados que reclaman su soberanía y, adicionalmente, tienen estatus de miembros permanentes seis organizaciones relacionadas con las poblaciones indígenas en el Ártico. También hay una serie de observadores de los cuales forman parte ONGs y otros Estados no árticos. La presidencia rotatoria del Consejo fue asumida por  Rusia por el período de 2021 hasta 2023. Sin embargo, el país se ha mantenido al margen desde marzo, dado que los integrantes del foro consideran la invasión de Ucrania una violación flagrante de los principios de soberanía e integridad territorial.

Si bien es cierto que por ahora se han adoptado dos tratados regionales con carácter vinculante – el Acuerdo para el Rescate en el Ártico de 2011 y el Acuerdo de Cooperación en Materia de Contaminación Marina por Petróleo: Preparación y Respuesta en el Ártico de 2013 -, no hay una forma internacional que regule el Ártico como un patrimonio común de la humanidad. Claro está que el atractivo por controlar el territorio irá creciendo a medida que se acelere el deshielo y más aún con las tensiones existentes entre la OTAN y Rusia después de la ocupación de Ucrania. El destino del mundo está estrechamente ligado al futuro del Ártico, el presidente finlandés, Sauli Niinistö defiende “si perdemos el Ártico, perderemos el planeta”. Por eso, es necesario una estrategia ártica que fije mecanismos vinculantes para los Estados miembros y cree una área marina protegida en las aguas del Ártico.


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