En este artículo se tratará sobre los procesos de independencia del Imperio Británico en África y Asia, desde la India en 1947 hasta Hong Kong en 1997. Todas ellas serán causa del lento declinar de un Reino Unido que llegó a controlar grandes porciones del mundo, así como importantes nodos estratégicos gracias a su acertado uso de la política comercial y a un importante músculo político.


Introducción

A raíz de la muerte de Isabel II, desde esta revista hemos decidido homenajearla, a través de un recorrido histórico sobre lo que fue el Imperio Británico en la segunda mitad del s. XX. 

Isabel II alcanzó el trono el 2 de junio de 1953 a la edad de 27 años. Ha sido la monarca que más tiempo ha reinado en Reino Unido, superando a la reina Victoria I (reinó 63 años). A lo largo de casi siete décadas su reinado ha estado marcado por diferentes sucesos y, en este artículo, se relatarán la independencia de las colonias británicas.   

Inglaterra comenzó construyendo su Imperio a semejanza del español – en el siglo XV, la era de máxima esplendor de la España colonial gracias la bula Inter Caetera otorgada por el Papa. Debido al monopolio de materias primas de los españoles, Enrique VIII decidió orientar sus políticas de expansión hacia la piratería y los corsarios. Y que su sucesora Isabel I, legalizaría.  

En 1600, se creó la Compañía Británica de las Indias Orientales (East India Company), que consistió en una compañía con una serie de privilegios otorgados por Isabel I con el objetivo de acabar con el monopolio de las compañías holandesas. Aunque en su origen fue planteada para que su ámbito de actuación se redujese a las Indias Orientales, en pocos años la empresa creció hasta el golfo Pérsico, China y otras partes de Asia. Además, no se dedicaba en exclusiva al comercio, sino que contaba con su propio ejército (en su mejor momento, contó con 260.000 soldados, casi el doble que el ejército británico de la época). Esta sociedad, fue uno de los mayores soportes a la hora de asentarse los británicos como potencia colonial que convirtieron poco a poco sus asentamientos comerciales en pequeños Reinos. 

Otro factor que influyó fue la movilización de los ciudadanos británicos. En palabras de Ruiz Durán en Los pilares del Imperio británico:  “Gran Bretaña obtuvo el dominio mundial porque desde inicios del siglo XVII hasta la década de 1950 salieron de las Islas veinte millones de personas de las que muy pocas regresaron. También, la Guerra civil británica (1640-1650) y las continuas crisis económicas del Viejo Mundo, propiciaron ese auge migratorio.

El Imperio Británico a principios del s.XX

En el año 1921, el Imperio británico poseía el Norte de América, gran parte de África, la India, numerosas colonias a lo largo de la región Pacífico-Sur y Australia. A partir de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la mayoría de las colonias fueron independizándose, desde la independencia de la India y de Pakistán en 1947 hasta Hong Kong (traspasado a China en 1997)

El Imperio británico en su máxima expansión tras la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Wikipedia

África

Los ingleses habían creado desde comienzos de siglo XIX dos colonias oficiales:  Sierra Leona en 1808, y Gambia, en 1816. Junto a ellas, se formó una tercera, Costa de Oro, cuya expansión fue más lenta debido a la tensa situación política entre Francia y Alemania. En la Conferencia de Berlín de 1885, los británicos se quedaron con la costa mediterránea africana (compartida con Francia), la nor-oriental (al sur, se asentaron los alemanes) y la costa occidental africana quedó en poder de los belgas, franceses y británicos.

Uno de los componentes más importantes de los acuerdos a los que se llevaron a cabo en este Conferencia, fue la consagración del principio de uti possidetis iure, en el que se establecía que para que un estado europeo pudiera reclamar derechos de soberanía sobre un territorio africano debería de acreditar una verdadera posesión sobre éste – se podía justificar con documentos oficiales como un tratado con la población local; una ocupación militar permanente que bastase para asegurar su posesión; o haber adquirido el derecho a la explotación económica permanente. 

En los años siguientes a la Conferencia de Berlín, Gran Bretaña amplió sus dominios en el África Oriental colonizando Uganda, Rhodesia (véase Zimbabwe y Zambia), Bechuanalandia y, en África Occidental, en Nigeria; la explotación colonial se realizó primero a través de grandes compañías comerciales, y posteriormente, por el dominio directo de la metrópoli. Además, tras el incidente de Fachoda (1898), Francia reconoció el dominio británico sobre Egipto y Sudán. 

África tras la Conferencia de Berlín de 1885

Cuando Isabel II ascendió al trono, África se encontraba en una época convulsa en la que los roces entre las potencias colonizadoras y sus habitantes eran más que evidentes. En 1955, se celebró la Conferencia de Bandoengen (1955), donde se fortaleció la idea de emancipación colonial. Como resultado, fueron independizándose Ghana (6 de marzo de 1957), Nigeria (1 de octubre de 1960), Sierra Leona ( 27 agosto de 1961), Tanganica (9 de diciembre de 1961) Uganda (9 de octubre de 1962), Sudáfrica (12 diciembre de 1963), Gambia (18 de febrero 1965), Malaui y Zambia (6 de julio y 24 de octubre de 1964, respectivamente), Zimbabue (se proclamó la república en 1970 pero su independencia oficial tuvo lugar el 18 de abril de 1980).

Por esas mismas fechas, Faruk se proclamó rey de Egipto (independiente desde 1922) y Sudán y denunció el acuerdo de condominio británico al que se había sometido este último. Tras diversos enfrentamientos, como la nacionalización del canal de Suez (1956), Sudán se independizó el 1 enero de 1956. 

Asia

Cuando se trata el tema del Imperio Británico y sus colonias, el primer nombre que se viene a la cabeza es India. Como se observaba al inicio de este artículo, en la India una de las causas que facilitó el establecimiento de un Gobierno Británico fue la Compañía Británica de las Indias Orientales (cuyas posesiones pasaron a manos de la Corona). El Raj británico estuvo vigente desde el año 1858 hasta su independencia en 1947. Lo que se conoce como India británica, en realidad englobaba los actuales Estados de India, Pakistán, Bangladés y Birmania. La India estaba dirigida por un Gobernador General con funciones de virrey y su territorio se dividía en distritos provinciales administrados por funcionarios británicos en exclusiva hasta que en 1869 se permitió el ingreso de hindúes en la administración. 

Tras la Primera Guerra Mundial se acordó en el Pacto de Lucknow (1916) otorgar a la India un mayor autogobierno. Este pacto allanó el camino de no cooperación de Mohandas Gandhi a partir de 1920. Sus primeras protestas fueron dirigidas contra la Ley del Gobierno de la India de 1919 mediante la resistencia pacífica. Durante este período se produjeron diversos altercados como la masacre de Amritsar (1919) o el encarcelamiento de los manifestantes de la marcha Dani. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, el Virrey Lord Linlithgow declaró la entrada de India en la Segunda Guerra Mundial sin consultar a los gobiernos provinciales lo que provocó el malestar dentro de la población india, reprimida por el Gobierno británico con un saldo de hasta 4000 muertos en Calcuta, según cifras oficiales. Tras la finalización de la guerra, se proclamó la independencia de la India el 15 de agosto de 1947, dividiéndose el Raj británico entre la actual India y Pakistán. Únicamente quedó desamparada la región de Cachemira, ya que en el Acta de Independencia de la India se estableció que la región podía elegir libremente a qué Estado pertenecer pero no se cumplió y se convirtió en el detonante del conflicto indo-pakistaní. 

Mapa de la marcha de protesta de Gandhi en 1930 contra una ley que obligaba a los indios a comprar sal británica (National Geographic)

Algo parecido sucedió con el territorio de Birmania británica. Esta era una provincia de la India británica, pero tras la separación de ésta como colonia independiente se sucedieron una serie de huelgas y protestas con el objetivo de independizarse de Gran Bretaña, pero la ocupación japonesa, como consecuencia de la II Guerra Mundial, frenó esta meta. Una vez finalizada la invasión, el nuevo gobernador británico inició las negociaciones con los partidarios de Aung Sun que culminaron con la independencia de Birmania el 4 de enero de 1948. 

Para terminar con Asia Meridional, se finalizará con la independencia de Bangladesh.  Tras la independencia de la India en 1947, Bengala (región que comprendía el actual país y parte de la India) se dividió en dos entidades diferentes (Bengala Occidental, perteneciente a la India, y Bengala Oriental, perteneciente a Pakistán). La zona bajo el control pakistaní se rebeló y, tras su independencia en 1971 tomó el nombre de Bangladesh. 

No fueron estos los únicos territorios colonizados en estos continentes también estuvieron Ceilán (actual Sri Lanka), Brunéi, Bantén (actual Indonesia), Malasia o Singapur, cuyos procesos de independencia fluyeron tras la II Guerra Mundial y, en muchos casos, tras la ocupación japonesa.

Y, la última gran colonia de Asia que tardó en independizarse (aunque sería más conveniente hablar de traspaso), fue el Hong Kong británico. La influencia del imperio británico en estas tierras comenzó en el reinado de Victoria I con la primera Guerra del Opio (1839-1842). Tras la victoria británica, el 14 de agosto de 1842 se firmó el Tratado de Nankín en el que, entre otras cosas, se constituyó la cesión de la isla de Hong Kong durante 150 años. La segunda Guerra del Opio surgió como consecuencia de la demanda de Reino Unido de renegociar este Tratado. Nuevamente volvió a ganar el Imperio Británico y, esta vez, fueron aprobados tres escritos: el Tratado de Aigun, (mayo de 1858), el Tratado de Tianjin (junio de 1858) y la Convención de Pekín (1860) en la que se acordó la legalización del comercio del opio. En este período colonial, el suceso más relevante fue el levantamiento de los bóxers en el que se produjeron una serie de motines de carácter antiimperialista. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, China fue ocupada por Japón desde 1941 a 1945. En esta fase se produjo una paralización de la economía y Hong Kong no retomó su actividad habitual hasta su liberación. En las siguientes décadas, Hong Kong se convirtió en el núcleo comercial occidental de China. Conforme se fue acercando el fin del arrendamiento impuesto en la Segunda Convención de Pekín – en la que se había decretado un arrendamiento de 99 años sobre los Nuevos Territorios – Reino Unido y China empezaron a debatir el futuro de Hong Kong. 

En 1984, la primera ministra británica Margaret Thatcher y el primer ministro chino Zhao Ziyang firmaron la Declaración conjunta Sino-Británica, en la que acordaban que China daría a Hong Kong cierta autonomía política y social mediante una política de “un país, dos sistemas” durante 50 años.

Tras el traspaso, Hong Kong se convirtió en una Región Administrativa Especial de China con su propia constitución y sistema legal conforme a su Ley Fundamental. Sin embargo, los residentes de Hong Kong no pueden elegir a sus propios líderes, sino que un comité de selección de 1200 miembros elige al jefe ejecutivo. En julio de 1992, Chris Patten asumió el cargo de último gobernador británico de Hong Kong y, el 1 de julio de 1997 el Reino Unido le transfirió Hong Kong a la República Popular China.

Conclusión

Con la cesión territorial de Hong Kong a China se dio por finalizado un ente territorial y político que dio sus primeros pasos a mediados del siglo XVI y que perdurará hasta los albores del siglo XXI. En este proceso, el reinado de Isabel II quizás conoció su momento de mayor languidez, produciéndose las mencionadas independencias de todos los territorios que habían sido siervos británicos. De cara a mantener el poderío internacional británico, desde Londres se promocionará y propulsará un mayor poder de la Mancomunidad de Naciones o Commonwealth, sujeto de análisis que se detallará en otro artículo de este “ciclo británico” que se está desarrollando en GEOPOL21. 


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.