Tras un año de gobierno de coalición, el Gobierno de Bennet, formado por partidos de izquierda nacionalista y derecha nacionalista incluyendo a los árabes, ha terminado por disolverse como consecuencia de los numerosos desafíos a los que se ha enfrentado, siendo el último de ellos, la no aprobación de la Ley de Derechos de los Ciudadanos israelíes en asentamientos en territorios palestinos.


El pasado 26 de junio de 2022 el mundo amanecía no solo con la inminente celebración de la Cumbre de la OTAN en Madrid, o las últimas noticias sobre la agresión rusa a Ucrania, sino que también ocupaba un lugar en las noticias la disolución del gobierno de coalición de Israel, un año después de su puesta en marcha como una apuesta arriesgada. Ya que constituía una coalición de partidos que abarcaban desde la extrema derecha a la extrema izquierda y, lo más importante, con los partidos árabes que, por primera vez, formaban parte del gobierno.

No obstante, han sido muchos los desafíos a los que se ha enfrenado este gobierno de coalición comenzando por una fuerte oposición, la tramitación y actualización de la ley de asentamientos israelíes en territorio palestino, el incremento de la tensión con los países vecinos y, en especial, con los territorios palestinos tras la celebración del mes del Ramadán. Así como el asesinato de la periodista de Al-Jazeera, Shireen Abu Akleh, a lo que se le suman la agresión rusa a Ucrania, la cual ha sido respondida con sanciones por parte del gobierno del estado judío, y el incremento de la inflación. Todo ello ha llevado a un disentimiento cada vez mayor entre los socios de gobierno y al abandono progresivo de los mismos, llevando a una disolución del gobierno y la convocatoria de las elecciones el primero de noviembre de 2022.

 

LOS ANTECEDENTES: CUATRO ELECCIONES EN MENOS DE DOS AÑOS 

La constitución del Gobierno de Bennett al que también se ha denominado de manera informal como el “gobierno Frankenstein” tiene un claro antecedente como es el hastío de la población israelí ante la celebración de manera consecutiva de cuatro comicios gubernamentales entre los años 2019-2021. Es decir, que en menos de tres años se celebraron cuatro elecciones en las que ninguno de los dos grandes partidos, el partido Azul y Blanco de Bennet, y el partido Likud del por entonces Presidente de Israel, Netanyahu, consiguiese formar gobierno. 

En estos últimos comicios electorales celebrados en la primera mitad del año 2021, tras la superación de la pandemia, nuevamente Netanyahu trató de conformar gobierno, sin ningún tipo de éxito. A lo que se sumaba que la movilidad electoral entre los diferentes partidos venía siendo escasa. Dándose, eso sí, un crecimiento de los partidos árabe palestinos en Israel que concurrieron en las elecciones mediante la coalición Lista Unitaria Árabe (UAL por sus siglas en inglés), lo que permitió su entrada en el gobierno de coalición.

Así en junio de 2021 Bennet, el líder del partido Azul y Blanc logro constituir el gobierno apoyado por ocho partidos que abarcan desde la izquierda nacionalista y radical, la derecha nacionalista y partidos moderados, sacando adelante un nuevo ciclo político con dos claros objetivos: evitar una nueva convocatoria de unas nuevas elecciones gubernamentales, y terminar con el gobierno de Netanyahu tras sucesivas acusaciones de corrupción. 

 

EL GOBIERNO DE BENNET: UN CONJUNTO DE DESAFÍOS 

Estos doce meses de gobierno de coalición han sido muchos los desafíos a los que se ha enfrentado no solo por el hecho de compaginar las más diversas sensibilidades de la sociedad israelí, y la palestina, sino también por los desafíos internos y externos que han acaecido en los últimos meses.

Pero, sin lugar a dudas, estas últimas semanas, especialmente tras el mes de abril, en el que se fueron los ataques de las fuerzas de seguridad israelíes contra la mezquita Al- Aqsa en Jerusalén en plena celebración del mes del Ramadán, repitiendo los acontecimientos del año anterior, lo que llevó a un rechazo por parte de los partidos árabes.

A ello se sumó el último clavo en el ataúd del gobierno de coalición: la renovación, o mejor dicho, la no renovación de la legislación israelí que concede una serie de Estatuto de Derechos Civiles a los israelíes en asentamientos en los territorios ocupados de Cisjordania. Esta legislación aprobada hace cincuenta años se ha renovado de manera constante permitiendo la aplicación de la ley y los derechos civiles a los “ciudadanos israelíes” en Cisjordania mientras que se aplica la ley marcial sobre los ciudadanos palestinos. Esta aplicación de la ley es un claro ejemplo de la ocupación ilegal de acuerdo con el Derecho Internacional Público y la ONU por parte de Israel. 

Asentamientos israelíes en territorio palestino (Pulpos.pl)

No obstante, de acuerdo con la legislación israelí la no renovación antes del final del mes de junio de esta normativa implicaría automáticamente la expiración de los derechos de los ciudadanos israelíes en territorio ocupado que pasarían a ser tratados bajo la ley marcial a la que se ven sometidos más de dos millones y medio de palestinos en la actualidad. 

No obstante, esta renovación no ha sido posible al contar con los votos negativos, como no podía ser de otra manera, de los partidos árabes de la coalición de gobierno. A los que se sumaron los partidos de la oposición que, pese a ser favorables a los asentamientos israelíes tenían el objetivo de dinamitar el gobierno. Este voto negativo de los socios de gobierno ha llevado a la no aprobación de la renovación y, consecuentemente, a la dinamización del gobierno israelí tras el abandono del partido New Hope, nacionalistas de derechas, quienes ya habían avisado de este abandono de no aprobarse la legislación.

Así, la ilegalidad de los asentamientos israelíes en los territorios palestinos, así como los derechos civiles de los ciudadanos israelíes, frente a los derechos de los palestinos, han llevado irremediablemente a la ruptura del gobierno. Pero de haber sido diferente la situación y haberse renovado la legislación, la disolución del gobierno también estaba sobre la mesa, con la más que probable salida del gobierno de los partidos arabo-palestinos, provocando la convocatoria de las elecciones. 

Mapa de la ocupación israelí en territorio palestino y los asentamientos israelíes (AFP)

LOS QUINTOS COMICIOS EN CUATRO AÑOS: LA POSIBLE VUELTA DE NETANYAHU AL GOBIERNO 

Esta disolución más pronto que tarde del gobierno de coalición de Israel, alimentada por la oposición, no ha sido baladí. Y es que a todas luces los israelíes acudirán nuevamente, por quinta vez en cuatro años, a las urnas el próximo uno de noviembre de 2022, probablemente disminuyendo nuevamente la participación electoral. 

El actual Presidente de Israel, Bennett, en la disolución del Parlamento Israelí (Europa Press)

Pero, lo que sí parece previsible, o al menos así lo vaticinan las encuestas es que los ciudadanos de israelíes “castigarán” al partido mayoritario en el gobierno por no haber sido capaz de gobernar y volverán a dar su apoyo a Netanyahu y el partido Likud, que adquirirá  casi la mayoría suficiente (con 59 escaños) para formar gobierno, quedándose únicamente a dos escaños para volver a ser reelegido como Presidente.

Lo que sí parece claro es que el partido Azul y Blanco tendrá que buscar un nuevo candidato, una nueva cabeza de cartel, ya que el actual presidente, Bennett, informó, junto a la disolución de la Knesset o parlamento israelí, su decisión de no volver a presentarse a las elecciones al considerar que había hecho todo lo posible por tratar de otorgar una alternativa a Israel, sin haberlo logrado.


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