Desde hace décadas, China se ha interesado en África principalmente porque el continente alberga un gran potencial extractivo en materia de recursos. El país asiático siente la necesidad de acceder a sus recursos energéticos y minerales por un coste más bajo, una condición que el continente cumple. Esta necesidad de obtener materias primas contribuye y alimenta el crecimiento de la actual economía del gigante asiático tanto a corto plazo como a largo plazo.

Además, las inversiones chinas en territorio africano suelen ser más aceptadas por la sociedad del continente ya que prefieren que las empresas extranjeras paguen con servicios e infraestructuras antes que en efectivo, ya que no tienen la garantía de que el capital sea distribuido de manera igualitaria debido a los altos niveles de corrupción registrados en los países dónde China suele invertir más. Durante los últimos años, China ha seguido un patrón general en sus inversiones. Este consiste en invertir en los países con economías más potentes y altamente pobladas (como Nigeria, Etiopía o Egipto) e importar productos minerales y enérgeticos de países más empobrecidos que no acostumbran a cumplir la mayor parte de derechos humanos (como la República Democrática del Congo o Sudán del Sur.