Más allá de los tanques y los misiles, Rusia despliega una estrategia silenciosa y acumulativa: avanzar poco a poco, con pasos que parecen menores pero que alteran el tablero geopolítico. Esta táctica, conocida como “estrategia del salchichón”, ha puesto a prueba la cohesión y la capacidad de reacción de Occidente.
La lógica de los pequeños pasos
En la política internacional, no siempre ganan quienes dan golpes espectaculares. A veces, el éxito reside en avanzar con sigilo, aprovechando la pasividad del adversario. La llamada “estrategia del salchichón” responde exactamente a esa lógica: sumar ventajas de manera gradual, sin provocar un choque inmediato que desencadene una reacción masiva.

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