La migración, más allá de un fenómeno social, puede convertirse en una poderosa herramienta geopolítica. Mientras Occidente la aborda desde el debate público, China la utiliza como instrumento de ingeniería territorial para consolidar su control. A través de políticas de reasentamiento, desarrollo económico y asimilación cultural, Pekín ha transformado regiones como Tíbet, Sinkiang o Mongolia Interior, reforzando la hegemonía han. Este proceso combina inversión, urbanización y control institucional para alterar equilibrios demográficos y diluir identidades locales. El resultado no es solo crecimiento económico, sino una estrategia a largo plazo que redefine el poder político y cultural en territorios considerados estratégicos.
Como fenómeno global, la migración es uno de los mayores temas de debate que hay actualmente en muchas partes del mundo. Sin embargo, mientras en Europa y Estados

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