El colectivo LGBT ha sufrido, a lo largo de la historia, una de las discriminaciones más duras: desde la Iglesia hasta las propias instituciones civiles y la sociedad, las personas homosexuales, bisexuales y transexuales han visto sus derechos, libertades e incluso su propia vida en riesgo.


No sería hasta inicios del siglo XXI cuando algunos países permitieran el acceso a la institución del matrimonio a las parejas del mismo sexo. El primer Estado fue Países Bajos en el año 2001, seguido por Bélgica (2003), España y Canadá (2005) y Sudáfrica (2006), convirtiéndose este último en el único territorio soberano del continente africano que admite a las parejas del mismo sexo poseer iguales derechos y deberes a las heterosexuales.

Hasta el año 2022, solo una treintena de países tienen aprobado el matrimonio igualitario. Los dos últimos Estados en unirse han sido Chile con la aprobación de su nueva Constitución en la que se eliminan los términos ‘hombre’ y mujer’, sustituyendolos por ‘cónyuges’ – y Suiza tras la aprobación en referéndum popular (64% de los votos a favor) y con vigencia a partir del 1 de julio de 2022.

En el lado opuesto, gran parte de África, Oriente Próximo, Medio o algunos territorios de América consideran la homosexualidad como un delito, con condenas que varían desde una multa de tipo económico hasta penas de muerte. Son destacables dos Estados: Nigeria e Indonesia. En el primero la homosexualidad es ilegal en todo su territorio, mientras que en el país asiático es legal excepto en la provincia de Aceh. No obstante, a ambos les une que, en parte de sus fronteras, la ley de la Sharia condena con pena de muerte o castigos físicos a las personas homosexuales.

Si se aborda la situación del continente europeo, sólo dieciséis países tienen aprobado el matrimonio igualitario, de los cuales dos – Portugal y Suecia – lo tienen blindado con grandes protecciones en sus Cartas Magnas. Lo que prima en Europa es, por norma general, la figura de la unión civil. Esta, a diferencia del casamiento, se caracteriza por no brindar ciertos deberes, derechos y protecciones a las parejas que acceden a esta figura jurídica, por lo que la igualdad en este caso ‘brilla por su ausencia’.

Muchos de estos territorios del viejo continente, a pesar de poseer unión civil para parejas homosexuales, la libertad de expresión vinculada a la orientación sexual está fuertemente restringida y las trabas para acceder a conformarse como convivientes ante la ley son abundantes. Además, en sus constituciones figura expresamente que el matrimonio es la unión entre el hombre y la mujer, por lo que se restringe indirectamente el poder ampliar este derecho a las parejas conformadas por personas del mismo sexo.


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