En menos de una década, Polonia ha pasado de ser un “punto vulnerable” a perfilarse como la principal potencia terrestre europea. Todo ello gracias a que el país destina entre el 4,5 % y el 4,7 % de su PIB a defensa, la cifra más alta de toda la OTAN, y ejecuta una modernización militar sin precedentes: carros de combate de última generación, sistemas avanzados de defensa aérea y un aumento masivo de efectivos. Todo ello ocurre mientras crecen las amenazas procedentes de Rusia y Bielorrusia, junto con actos de sabotaje e injerencia atribuidos a Moscú dentro del territorio polaco, como se ha visto recientemente mediante drones y grupos saboteadores en vías férreas. El resultado es un nuevo equilibrio de poder en la OTAN y la UE, con Varsovia en el centro de la seguridad del flanco oriental.
EL NUEVO HORIZONTE EN LOS BALCANES OCCIDENTALES TRAS LA SALIDA DE ORBÁN
La salida de Viktor Orbán del centro del poder político europeo no solo tiene claras consecuencias políticas internas para Hungría o para el equilibrio institucional dentro de la Unión Europea. También provoca ya un cambio relevante en la dinámica geopolítica de los...







