La relación entre España y Marruecos constituye uno de los ejes geopolíticos más sensibles del Mediterráneo occidental. Aunque Madrid y Rabat mantienen una intensa cooperación económica y en materia migratoria y antiterrorista, persisten profundas divergencias sobre soberanía territorial, control de flujos migratorios, delimitación marítima y equilibrio estratégico regional. Rabat ha desarrollado durante las últimas dos décadas una política exterior más ambiciosa y asertiva, utilizando la presión migratoria, la diplomacia energética y el apoyo internacional a su posición sobre el Sáhara Occidental como herramientas de influencia. Frente a ello, España representa no solo sus propios intereses nacionales, sino también los intereses de la Unión Europea y de la OTAN en una región crecientemente inestable.
EL NUEVO HORIZONTE EN LOS BALCANES OCCIDENTALES TRAS LA SALIDA DE ORBÁN
La salida de Viktor Orbán del centro del poder político europeo no solo tiene claras consecuencias políticas internas para Hungría o para el equilibrio institucional dentro de la Unión Europea. También provoca ya un cambio relevante en la dinámica geopolítica de los...







