Hay momentos en los que nos vemos obligados a revisar no sólo las categorías de interpretación, sino también nuestras propias certezas. El panorama internacional actual es uno de esos momentos. No porque el mundo sea hoy más violento que en otras etapas históricas, sino porque las reglas implícitas que durante décadas sirvieron para anticipar comportamientos, gestionar riesgos y ordenar expectativas han perdido buena parte de su vigencia. La sensación dominante no es tanto la de caos, sino la de transición prolongada hacia algo que aún no sabemos nombrar con precisión.
Durante años, muchos dimos por hecho que el sistema internacional avanzaba, con fricciones, hacia una mayor estabilidad estructural. Creímos que la interdependencia económica actuaría como un freno racional al conflicto, que las instituciones multilaterales, aun imperfectas, serían capaces de amortiguar l
Accede a todo nuestro contenido sin límites y apoya la labor investigadora del think tank que más crece en el mundo hispanohablante.
GEOPOL 21






